¿Ansiedad durante las vacaciones? Así que deshazte de él.

“Este año de vacaciones quiero desconectarme, tomarme días para mí. Mantenga la calma. Cada año repetimos la canción habitual, olvidando que la vida nunca es “tranquila” porque está viva: si tratamos de inmovilizarla en nuestros esquemas, evocamos exactamente lo contrario de un estado de quietud, o el desencadenamiento de la tormenta interior. ¿Cuál sería el punto de “desenchufar y tomarte días para ti mismo”? ¿Y cómo debería ser un día para ti? Cuando lo piensas, parece muy estresante: “tienes que” relajarte, “tienes que” interrumpir todas las actividades habituales, “tienes que” divertirte, “tienes que” encontrar algunas actividades alternativas a la rutina habitual, y luego, finalmente, volver a la rutina! En resumen: ¡tortura! Si crees que necesitas “días para ti mismo”, te estás preparando para enfermarte porque decides que estos días deben ser mejores, ¡como si dijeras que todos los demás días de tu vida van a ser desechados! La vida no es así: no se trata de desconectar el enchufe, sino de conectarlo a esa fuente misteriosa que puede encenderlo y hacerlo electrizante.

No hacer de las vacaciones un estrés mental

La ansiedad de las vacaciones es fácil de explicar: las vacaciones de verano cierran el ciclo del año y si no las usas para regenerarte pero, “para estar tranquilo”, es fácil que después del aburrimiento los malos pensamientos se apoderen de ti. “¿Qué he hecho en el último año? ¿He resuelto mis problemas o todavía me están esperando? ¿Y qué haré cuando regrese?” En definitiva, existe una fuerte tentación de “hacer lo que hay que hacer”, es decir, iniciar una “película mental” compuesta de balances y de buenas intenciones. En este punto, las vacaciones se convierten en un motivo de estrés mental… ¡de primera clase! Especialmente durante los últimos días de nuestra estancia, el miedo a volver a una vida cotidiana que nos asusta, en la que sentimos que no somos felices, se vuelve insostenible. Por supuesto, nos gustaría volver de las vacaciones cambiando todo y decir: “¡Basta! Desde septiembre…. Encuentro otro novio, cambio de amigos, cambio de trabajo, empiezo la dieta! Y así sucesivamente…. En realidad no sabemos por dónde empezar y al final no cambiamos nada. Atención: no significa que seamos débiles y sin fuerza de voluntad, significa que estamos viendo las cosas desde una perspectiva equivocada. Aquí está cómo corregirlo.

Cambiar (también) la vista interior

Irse de vacaciones no sólo significa alejarse de los lugares habituales, sino cambiar de escenario mental, salir de las coordenadas psíquicas que se viven cada día. Hábitos, ritmos repetitivos, la visión de las mismas cosas y de las mismas personas, los discursos habituales, las opiniones absorbidas desde el exterior acaban enmascarando nuestra personalidad. Cuando todo esto se deja de lado, puede ocurrir un verdadero “choque perceptivo”: nos encontramos “desvestidos” por todos los adornos, disponibles para un contacto puro con nosotros mismos y con el mundo, y finalmente podemos sacudir el carácter en el que nos identificamos. De hecho, “olvidamos” quiénes creíamos que éramos y volvemos limpios, limpios de todos los “residuos”, de los roles que nos impiden vivir. La orilla del mar o los caminos de montaña son, por lo tanto, sólo el telón de fondo de un cambio de imagen interior.

Rechaza la rutina habitual y harás que tus vacaciones sean únicas

Si te está sucediendo incluso ahora, significa que estás viviendo la verdadera fiesta: un espacio vacío, una discontinuidad, una “ruptura del tiempo” y de las secuencias que te aprisionan en la vida cotidiana. El vacío, en efecto, dirige la mirada hacia el interior, libera la mente, hace que te encuentres contigo mismo. Sólo si se encuentra con el vacío, las vacaciones realmente le regeneran. Si en cambio se da cuenta de que sus vacaciones están dominadas por la rutina, no tenga miedo, puede tomar medidas inmediatas. No es difícil renunciar a las citas obligatorias y a los rituales de misa que acaban por conformar incluso el verano a las normas. El verano es la época de la renovación!

El juego de palabras libre: permite que un nuevo lenguaje emerja de las profundidades

He aquí un juego sencillo que puedes hacer en la playa, pero que puede darte un inmenso poder: apagar las “frases habituales” y sacar palabras auténticas, capaces de regenerar la mente. Obtenga un bolígrafo y un papel: el primer paso es identificar una palabra clave a partir de la cual empezar. Elige un tema genérico, mejor aún un área de la vida en la que creas que tienes dificultades: amor, trabajo o familia, hijos… Escribe esta palabra en el centro de la página, luego comienza con las “asociaciones libres” que anotarás en la hoja de papel una debajo de la otra. Por ejemplo: Amor: Rojo, Calor, Pasión, Fuego, Quemadura, Miedo… Cuando llegues al punto en el que ya no puedas pensar en nada, toma el papel en tu mano y relee cuidadosamente las palabras que escribiste. Ten cuidado, no tienes que “hacer” nada especial: el objetivo no es llegar a una respuesta racional inmediata, así que evita las interpretaciones apresuradas, sino que deja que los contenidos que han surgido se depositen en ti, y acéptalos sin comentarios. A medida que disfrutes de este ejercicio, aprenderás más y más a dejar de lado la resistencia y te darás cuenta, incluso con un poco de sorpresa, que términos inesperados fluirán espontáneamente, un nuevo lenguaje que puede ser parte de tu vocabulario diario y que sacará a relucir lo que sientes y lo que realmente necesitas.

Hazlo 10 minutos al día

Haz este sencillo ejercicio cuando te des cuenta de que siempre estás repitiendo los mismos discursos, cuando buscas una solución que no llega, o si tienes tendencia a investigar demasiado con razón el mundo de los sentimientos. Es muy útil para desbloquearse. Para obtener resultados, déle diez minutos una vez al día durante al menos dos semanas. Las vacaciones, lejos de las presiones externas habituales, es el mejor momento para empezar!

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