Apagar la vida cotidiana y reavivar el amor

Roberta, una mujer de 30 años, busca un consejo: “Vivo con Lorenzo desde hace unos años y, entre altibajos, hemos conseguido tener una vida cotidiana serena y satisfactoria. No podría hacerlo sin la dimensión que creé con él. Es una persona sólida y atenta, un buen chico, que me ama, me respeta, me hace reír, me pone en el centro de su vida. En el pasado admitió haber tenido una especie de adicción a mí, pero ahora dice que puede ver incluso…. Después de todo, siempre he considerado importante que cada uno de nosotros tenga su propio espacio e individualidad…”.

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En parejas no te olvides de ti mismo

Un ingrediente ganador de cada pareja de trabajo es el equilibrio psíquico individual, indispensable para garantizar una “estructura estable” de la relación. El caso de Roberta es un ejemplo de ello: para salvaguardar la relación con su pareja y vivirla con serenidad, intentó con razón enfatizar este discurso, haciéndole comprender que cada uno debe mantener su individualidad, sin llegar a ser dependiente del otro. Entonces, ¿estás bien? En realidad no: por paradójico que parezca, para funcionar, una pareja también necesita un toque de salud…. ¡inseguridad! Eso es correcto: enamorados, cuando nos sentimos “llegados”, cuando todo parece ir bien, debemos preocuparnos. Siente cómo continúa el correo electrónico de Roberta: “El punto es que no puedo entender por qué en una circunstancia idílica como la que estoy experimentando siempre estoy buscando algo más… Por ejemplo, a veces me encuentro metiéndome con chicos que he tenido en el pasado, queriendo coquetear con alguien, sin realmente querer hacerlo, como si fuera un juego. ¿Por qué no puedo concentrarme en él? ¿Por qué siempre tengo que buscar el riesgo, la emoción? ¿Es sólo inseguridad y necesidad de confirmación? Y sobre todo, ¿tendré que vivir con este otro yo toda mi vida?”

Demasiada seguridad siempre es un problema…

Aparentemente la condición de Roberta parece ser la ideal: tiene 30 años y ya vive con lo que en efecto parece ser el hombre adecuado para ella. Entonces, ¿por qué tanta inquietud? Al examinarla más de cerca, su vida no es tan perfecta: carece de esa pizca de locura, de misterio capaz de dar un poco de pimienta a sus días y a la relación misma. Dice que está viviendo un momento idílico con su pareja, pero en realidad en su pareja no hay más magia…. Así pues, ella pasa a “mensaje” con otros chicos, no porque quiera herir a su pareja o porque realmente quiera traicionarlo, sino para saborear el sabor de la emoción y el riesgo que le ha faltado durante demasiado tiempo. Su historia se ha vuelto predecible, se repite siempre la misma: por lo tanto no es inseguridad, sino necesidad de romper esa rutina diaria que hace que su relación se asemeje a un trabajo de empleado, cada día igual a sí mismo. La situación de Roberta es un ejemplo de cómo incluso la unión más sólida a veces necesita aire nuevo, de lo contrario la rutina tomará el relevo y la insatisfacción golpeará la puerta……

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