Así que los sentimientos de culpa desaparecen.

Uno de los factores que más socava la autoestima es la culpa. Para algunos es un sentimiento vago pero continuo: se sienten inadecuados, perdidos, aunque no sepan de qué se trata. Intimidados, inseguros, vagan asustados y terminan sintiéndose bien sólo dentro de las paredes de la casa o con muy pocas y seleccionadas personas. Para otros, sin embargo, el sentido de culpa se manifiesta de manera más explícita. Son aquellos que -con su pareja, con sus amigos, en el trabajo- exageran, desahogan, encienden y se colocan en un lugar donde no se sienten en absoluto, siempre sintiéndose atacados, rugiendo como bestias y luego, un momento después, arrepentidos, sintiéndose “repugnantes”, preguntándose qué pensarán los demás, tratando de esconderse o, lo que es peor, desencadenando tortuosos intentos de “mantener el punto” en el que ellos mismos saben que está mal.

¿Te sientes culpable? Haz la prueba!

De frente al tigre

“Peleo más y más con Daniele. Es un guitarrista de un grupo, yo me enamoré de él y él se enamora locamente de mí, pero obviamente siempre está cerca para tocar, no siempre puedo seguirlo y me vuelvo loco de celos. Sé que tengo que controlarme, que exagero, que tengo que confiar en sus garantías, que soy sospechoso y paranoico. Pero no puedo hacerlo. La última vez que me enfadé tanto que abrí la ventana y tiré una de sus guitarras bajo ella. Me sentí como una bestia, pero un momento después ya me había arrepentido. Se enfadó y cerró la puerta, no lo vi ni lo oí durante tres días. Estuve muy mal, lloraba todo el tiempo, me sentía como un idiota porque lo estoy arruinando todo”. Alessandra está avergonzada, se siente culpable. Pero en ese momento se sintió como una bestia. La mujer enamorada y la bestia herida miran dentro de ella como dos entidades en lucha y ella es el campo de batalla, desgarrado entre las dos. Atención, en estas imágenes Alessandra ya tiene la clave para recuperar el bienestar y la autoestima, que no puede venir mientras intentemos domarnos pero sólo cuando las fuerzas en el campo encuentren un acuerdo.

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Llévelo dentro de usted

Cuando estás poseído de culpa lo primero que tienes que hacer es cerrar los ojos y visualizarlos. Con los ojos cerrados, mira dentro de ti lo que puedes hacer que es transgresor o destructivo, mira al “mal”. Tómalo, no lo expulses. A medida que encuentre su lugar dentro de ti, verás que una primera sensación de alivio llegará. El dolor ligado a la lucha contra el mal, contra la imperfección, cede y te das cuenta de que tus defectos son parte de ti y que debes cuidarlos, como lo haces con las partes bellas, las que orgullosamente muestras a los demás. No sólo está el lado de la luz, la bondad sin su contrario es una ficción. El personaje está hecho de luces y sombras y si no se expresa plenamente, o bien se apaga, o bien se diluye el lado censurado hasta que pueda saltar sobre ti. Pero lo decisivo que puedes hacer con los sentimientos de culpa es transformarlos en imágenes.

De la emoción a la imagen: un símbolo te salva

¿Qué clase de animal es la culpa? Muéstrelo. Un tigre, un conejo, un pájaro, un escorpión…. Haga de su “defecto” un compañero de viaje. Así que, la Alessandra que se peleó ahora es también una tigresa, una bestia feroz, y no hay lucha entre ellos: se hacen fuertes el uno al otro. Sí, porque una acción equivocada puede ser perdonada, olvidada, eliminada, castigada, puede ser una oportunidad para un razonamiento retorcido del que ya no se puede salir. Pero un tigre no lo es, un tigre es un tigre! Aquí: si transformas tus emociones en una imagen se convertirán en un tótem, una especie de talismán . Dentro de Alessandra hay la imagen de un felino listo para defenderla. Saberlo lo hará más seguro. El mal, disfrazado de tigre, es menos aterrador, se convierte en un aliado…. Hay fuerzas antiguas, instintivas, primordiales, que nos atacan, pero que al mismo tiempo nos defienden. Si también podemos ser un tigre enojado, entonces hay lugar para el lado opuesto de Alessandra, la tranquilidad. Sin garras, esa tranquilidad no sería una opción auténtica, sino sólo una retirada temporal.

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Encuentra tu talismán y deja que te proteja

Transformar la culpa en un animal es un ejercicio que cualquiera puede hacer para crear su propia imagen: el talismán. Aquí están los tres pasos a seguir para lograr esto:

  • Cierra los ojos y piensa en la acción que te hizo sentir culpable, equivocado, culpable. Visualiza y siente ese sentimiento, ese dolor. Hacedle sitio dentro de vosotros, dejadle sentarse sin juzgarle.
  • Siempre con los ojos cerrados, imagina que el “defecto” que te enferma -la timidez, la ira, la envidia- se convierte en un animal, el que mejor te representa en esos momentos en los que no te agrada. No lo pienses demasiado, confía en tu intuición. Deja que ese animal deambule libremente en tu imaginación, por un tiempo, siéntelo como parte de ti.
  • Luego, si quieres, puedes usar ese animal como guía llevándolo siempre contigo, por ejemplo como un colgante en un llavero, o en una foto para guardarlo en tu cartera. Tócalo y evoca su imagen cuando te sientas inseguro, culpable o inseguro.
  • “Cuanto más idealistas unilateralmente somos y cultivamos el deseo de buscar siempre el bien y la justicia, más cooperamos involuntariamente con el mal. Si, por otro lado, tratamos de tomar en cuenta el lado negativo, podemos evitar ser abrumados repentinamente por el aspecto oscuro de la vida. Sin embargo, si perseguir el bien siempre puede seguir siendo nuestro objetivo, debemos ser más modestos y saber que si somos demasiado buenos, constelamos para compensar el aspecto destructivo. Marie-Louise Von Franz

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