Cambia tu identidad y encuentra la felicidad

¡Nadie se conoce!

Cada uno de nosotros cree que nos conocemos bien, que sabemos cuáles son nuestras fortalezas, cuáles son nuestros límites y casi siempre lo que identificamos como nuestra personalidad parece estable e inmutable, especialmente en la edad adulta. Así que, si no estamos felices y satisfechos, si nos sentimos deprimidos, pensamos que la cosa es irremediable.

Lo que llamamos “yo” es sólo una pequeña parte de lo que somos. Dentro de cada uno de nosotros hay un extraño. Quizás la idea de albergar aspectos insospechados nos asusta, pero debería tranquilizarnos. Es de hecho un verdadero “kit de recursos para alcanzar la felicidad “, intacto, inexplorado, que cada uno tiene dentro de sí mismo. Pero para conseguirlo hay que aceptar que nuestro “yo” es sólo una imagen parcial y limitada de lo que somos.

El primer obstáculo para tu felicidad… eres realmente tú

¿Cómo sacar a la luz estos lados ocultos y preciosos de nosotros mismos? En primer lugar, debemos poner entre paréntesis nuestra historia, nuestras raíces, las experiencias que nos han marcado y con las que nos identificamos habitualmente, así como nuestras ideas y creencias. Son importantes, pero no lo son todo. No somos sólo eso, somos mucho más que eso.

Abolir las autodefiniciones

“Soy tímido, no soy paciente, lo lento no es lo mío. Todas estas son generalizaciones que se refuerzan a sí mismas: si nos definimos como impacientes, evitaremos todo lo que ponga a prueba nuestra paciencia. Cada vez que se pierda una definición, complétela con lo contrario. Por ejemplo: “Soy un musón, pero también puedo estar alegre”.

Hacer como si fuera la primera vez

¿Y si una amnesia nos roba los recuerdos de los últimos diez años? Si quieres enfrentarte a una experiencia sin el peso del condicionamiento, esa es la condición para recrear. Luego recorta un espacio tranquilo, ponte cómodo e imagina que tu experiencia o tu idea de ti mismo se condensa en una imagen, en una escena que ves deslizándose frente a ti en una pantalla. Imagine que está sosteniendo un control remoto y de repente apaga lo que ve. Repita el ejercicio hasta que la memoria o el sentimiento le resulte parcialmente ajeno.

Trate de perderse en la ciudad

Cuando te sientas un poco atrapado y no sepas por dónde ir, prueba este ejercicio: deja tu carné de identidad, dinero, bolso, todo lo que te da seguridad en casa y vete a dar un paseo…. Camina sin rumbo, mejor si en una calle no sabes, imagina ser otra persona…. Te encontrarás sintiéndote, lentamente, aliviado. Hay realmente una parte de ti que es “virgen”, no contaminada, que puede experimentar las cosas de una manera completamente diferente

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El resultado

Un cerebro completamente nuevo y la vida gana impulso

Olvidarse” significa abrirse a todo lo que no concuerda con la imagen que hemos construido de nosotros mismos o que nos han pegado. De esta manera podremos experimentar con nuevos recursos, descubrir inclinaciones inesperadas, abrirnos a experiencias que erróneamente habíamos excluido. Nuestra vida se enriquece, se construyen nuevas conexiones en el cerebro, desactivando los circuitos primitivos que ante un mismo estímulo nos obligan a dar siempre la misma respuesta.

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