Cerebro e intestino: ¿qué conexiones?

Quizás no todo el mundo sabe que el primero en plantear la hipótesis de una posible interacción entre el cerebro y el intestino fue Hipócrates, el “fundador” del arte médico. Bueno, hoy en día estas interacciones, entre las piedras angulares de la perspectiva psicosomática, están empezando a ser más comprensibles. Esto se debe no sólo a las herramientas tecnológicas capaces de realizar rápidamente procesos de análisis que antes eran inimaginables, sino también a la posibilidad de “cruzar” datos de diferentes partes del cuerpo con imágenes de resonancia magnética funcional. Esto permite a los investigadores crear un verdadero “mapa” del cuerpo humano capturando todas las conexiones entre el “centro” y la “periferia” del cuerpo y, por lo tanto, entre el cerebro y el intestino.

¿Una bacteria nos “salvará” de la ansiedad?

El estudio de la relación entre la flora intestinal y el cerebro en ratones en los últimos años ha abierto escenarios de gran interés biológico y terapéutico para el estudio de los humanos, por lo que el Journal of the American Medical Association (JAMA) le ha dedicado un editorial. No sólo eso: un grupo de estudiosos liderados por Emeran Mayer, de la Universidad de California en Los Ángeles, han demostrado que en un grupo de mujeres sanas es posible reducir la apariencia de ansiedad debido a la petición de realizar una tarea, cambiando la composición de las bacterias intestinales a través de la ingesta dos veces al día de una bebida láctea fermentada. Este cambio de comportamiento corresponde a una variación en la resonancia magnética funcional cerebral, es decir, a una reducción de la actividad de un grupo de neuronas responsables de la respuesta ansiosa. Este grupo de mujeres fue comparado con un grupo de control que tomó una bebida similar, pero no fermentada: en este caso no hubo una reducción en la respuesta de ansiedad, ni un cambio en la RMN. Según el Mayer, esto podría ser evidencia de que si se modifica la flora bacteriana intestinal, se puede obtener una respuesta cerebral significativa. Exactamente lo que la psicosomática siempre ha mantenido sobre la profunda correlación entre el cerebro y el intestino…

Perspectivas de investigación

Sobre la base de estas indicaciones, actualmente se están llevando a cabo estudios para evaluar la posibilidad de utilizar cepas de bacterias en humanos como tratamiento para trastornos de origen psicosomático. Un grupo de la Universidad McMaster, Canadá, está tratando de tratar a las personas con síndrome de colon irritable y depresión con una cepa de Bifidobacteria. El estudio permite verificar a través de la resonancia magnética funcional, si existe un efecto sobre áreas cerebrales como la corteza frontal, el hipocampo y la amígdala, particularmente involucradas en fenómenos depresivos. Otros estudios intentan comprender si es posible añadir cepas bacterianas específicas a la administración de un antidepresivo para obtener una respuesta terapéutica positiva en pacientes que sufren de depresión. Lo cierto es que, si bien la investigación farmacológica está produciendo resultados interesantes, nunca debemos olvidar que un enfoque puramente “biológico” nunca resolverá plenamente las molestias de la psique, que siempre requieren un tratamiento holístico para poder resolverse plenamente.

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