Cómo combatir la pereza

Pereza: causas, remedios, cómo superarla

En este artículo no estamos hablando de la pereza que cualquiera de nosotros puede coger de vez en cuando. Estamos hablando de pereza existencial , característica de esas personas que para obligarlo a hacer algo hay que pedirlo veinte veces, y luego o no lo hacen o lo hacen mal y resoplan. Y haciéndolo pesar. Personas inmóviles, que parecen encerradas en un capullo impenetrable y que espontáneamente sólo hacen unas pocas cosas en pequeñas áreas de la vida. Por lo demás, dejan que los demás decidan, se esfuercen, actúen. Para aquellos que viven al lado son una fuente de irritación, pero su pereza puede expresar una dificultad no reconocida.

Las causas de la pereza: ¿por qué se aprovecha de ti?

¿Por qué te vuelves perezoso? Por supuesto, hay personas que por naturaleza tienen una menor propensión a la acción. Pero la pereza de la que estamos hablando parece más un bloque de vida, fuerte y tenaz. Una pared de goma delante de la cual rebotan estímulos, entusiasmo, reprimendas, deberes, urgencias. Es un rechazo a la acción, a vivir activamente. El perezoso experimenta la acción como un riesgo a evitar y, debido a influencias externas, a menudo percibe sectores enteros de la realidad como peligrosos, inútiles o inmorales. A veces se detiene y permanece inmóvil ante el miedo a la decepción, no tiene curiosidad y cree que ya lo ha visto todo. A menudo el hábito de la comodidad ha anestesiado el impulso a la acción. También hay personas que dan todo a la profesión y no tienen más energía para el resto, incluyendo la sexualidad . Y finalmente la pereza puede ser un bonito No, pasivo e inconsciente, a una vida que no te gusta. Desafortunadamente, si con el tiempo aprendes a concebirte como perezoso , te quedas atrapado en esta imagen de ti mismo. En cualquier caso, la consecuencia es que la energía no expresada se transforma siempre en malestares físicos, psíquicos y relacionales.

Cómo superar la pereza: un hábito peligroso

  • Hacer autodiagnóstico
    Observe su campo de acción. Haz un mapa de tus “límites de actividad”, de lo que quieres hacer: verás que es muy limitado.
  • No seas snob
    No seáis complacientes en vuestra inercia: la actividad mental, injustamente atribuida a los que están muy quietos, no es superior a la física o a la manual, y sin ella no vale nada. Además, no hay descanso sin actividad previa. Su pereza no está vacía, sino llena de las mismas cosas.
  • Fijado a la materia
    Será trivial, pero es muy útil para trabajar con arcilla, das, plastilina o pongo. Tu creación no tiene que tener una forma reconocible, lo importante es tu intervención real en la realidad, la comparación con algo que pueda ser verificado concretamente.
  • Empezar de nuevo desde el placer. Un verdadero perezoso siempre tiene al menos un interés. Empieza desde allí a encontrar el gusto por la acción porque no hay esfuerzo en el placer. Dedicado mucho a ello y después de hacerlo muestra en un simple gráfico sobre una hoja de papel la cantidad de energía expresada y delegada en la acción que se acaba de realizar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *