Cómo defenderse de las ideas de los demás

Todo lo que hace falta es una pequeña e inofensiva crítica e inmediatamente abandonan lo que están haciendo. O ven a alguien hacerlo con más convicción que ellos y luego cuestionan la validez de su trabajo. A veces basta con que alguien les dé un simple consejo, quizás a petición propia, y se sienten cuestionados, y terminan siguiendo la sugerencia de forma acrítica, sin pensar si es o no apropiada para su situación. Estamos hablando de personas que pueden ser influenciadas , personas cuyas elecciones y acciones están constantemente sujetas a la “dirección” o al frenado dependiendo de lo que otros digan o hagan. No es sólo una cuestión de inseguridad: en estos casos, hay una especie de “impresionabilidad”, un ser que puede ser influenciado por la realidad externa.

Mala autoafirmación

Quizás sabe bien o entiende perfectamente lo que debe o debería hacer, conoce sus propios gustos y sentimientos -hasta que se pone en contacto con los demás- pero lo que viene “de fuera” tiene cada vez más valor para él y todavía tiene más autoridad. Esta característica psicológica se afirma durante la adolescencia y continúa hasta la edad adulta, a menudo empeorando con el tiempo. En la raíz hay normalmente situaciones familiares típicas:

1) la pérdida temprana de la figura paterna, o su ausencia, ha obstaculizado el desarrollo de la capacidad de afirmarse;

2) un padre dominante y crítico (más a menudo la madre) se ha vuelto inseguro y al mismo tiempo hipersensible a la crítica y la confrontación con el mundo exterior;

3) una realidad familiar o social que ha sido devastada o humillante nos ha llevado a considerar cualquier otra realidad como “siempre mejor”;

4) un contexto de crecimiento demasiado fácil y próspero nos ha impedido conocer nuestras propias necesidades y deseos.

En todos los casos, ser influenciable es arriesgado, porque en realidad pones tu vida a merced de otros, que pueden o no manipularla conscientemente para sus propios propósitos. Volver a escucharse, lúcidamente, en estos casos es realmente necesario.

La guía: haga realidad sus ideas sin buscar consenso

Menos importancia al tono

Cuando eres influyente , sólo tienes que tener a alguien, expresarte de una manera asertiva y perentoria para ponerlo todo en duda. El truco: centrarse principalmente en el contenido y no en los tonos.

Pocas comparaciones

Cuando sienta que tiene una buena idea o que comienza con su propio proyecto, no haga comparaciones continuas desde el principio y en cada etapa. Tráigalo y compárelo con otros sólo cuando haya adquirido su propia consistencia. Un poco de secreto le ayudará a proteger su singularidad.

Pedir menos consejos

Cuantos más consejos recibas, más consejos recibirás, y nunca sabrás qué hacer. Ser menos influyente comienza con usted, el coraje para asumir la responsabilidad de sus acciones, tanto en las cosas grandes como en las pequeñas. Supera el miedo a ser inadecuado: haciendo y afirmando lo que sientes que es tuyo, incluso cuando te arriesgas a cometer errores, ofrecerás una imagen más segura y auténtica de ti mismo. Y es a partir de esto que usted ganará mayor autoestima y solidez de opinión.

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