¿Cómo pude haber hecho eso?

“¿Cómo pude decir esas palabras?”; “¿Cómo pude hacer esas cosas?”; “¿Pero fui yo realmente la persona que actuó así?”. Si no fuera por el hecho de que lo conocemos muy bien, no podríamos creerlo: a veces en la vida nos comportamos de una manera que, después de un tiempo, parece totalmente ajena a cómo estamos acostumbrados a conocernos. Es como si estuviéramos despertando y por primera vez “viendo” partes de nosotros mismos que han surgido en momentos de dificultad o de fuerte implicación emocional. Y este ver nos hace distanciarnos de aquellas partes de nosotros que nos avergüenzan mucho….

El extranjero en nosotros

Este no es el proceso normal de crecimiento psicológico para el que “nosotros en el pasado” siempre parecemos un poco más inmaduros de lo que somos hoy, sino aspectos desconocidos y exagerados que han invadido el campo fuera de cualquier línea de desarrollo coherente, y luego han desaparecido, solos o forzados por los acontecimientos. Pero hoy que los vemos claramente debemos superar el desconcierto, el sentimiento de tener dentro de nosotros “un nosotros” que puede hacer algo que nosotros no haríamos, y ser capaces de integrarlos en la conciencia actual. Debemos entendernos, a veces perdonarnos. Y no siempre es fácil.

Vivir para remediar

Muchos no pueden manejar la memoria y prefieren negarla. Por ejemplo, interrumpiendo las relaciones con personas que de alguna manera están conectadas con ese evento o período, o no volviendo a hablar de ello y escondiéndolo como el clásico “esqueleto en el armario”. En resumen, lo rechazan, sin elaborarlo, y hacen todo lo posible para demostrar a sí mismos y a los demás que son lo opuesto del personaje que ha escapado. Comenzamos a vivir para compensarlo, y esto nos hace menos libres: la memoria actúa influyendo en las elecciones de hoy. Una burla después del daño: los errores del pasado vuelven a boicotear el presente.

Y luego hay una pregunta que no nos deja: “¿Por qué? ¿Por qué actué así? Era yo, que siempre he sido uno que nunca y nunca ha sido…” y así sucesivamente. Las razones son diferentes: en muchos casos han sucedido acontecimientos o nos encontramos en situaciones -positivas o negativas, por complicadas que sean- para las que no estábamos psicológicamente preparados (por ejemplo, una pasión por el amor clandestino, una fuerte tensión en el trabajo, una serie de desafortunadas coincidencias) y que tal vez tocaron aspectos de nosotros ya problemáticos, núcleos traumatizados de nuestra personalidad. Otras veces ha sido una forma descompuesta de defenderse de algo vital, o incluso la implementación de conductas automáticas, casi reflejadas, típicas de cuando la emotividad excede la capacidad racional para procesar un problema.

La sombra contaminada

¿Así que ese carácter es un aspecto de nosotros? ¿Puede volver a salir? Son las otras dos grandes preguntas las que atormentan a algunas personas. Sí, tenemos que aceptar que somos -sería mejor decir: lo somos- eso también. Nuestras partes ocultas, cuando salen, a menudo lo hacen de forma contextual, es decir, ligadas a las condiciones muy particulares del momento. A veces son exasperados, contaminados, adulterados, incluso por el comportamiento de los que nos rodean. Por ejemplo, ser manipulado es totalmente posible, y cuando sucede es como si no fuéramos nosotros los que actuamos, sino el otro el que entró en nosotros. Para que ese aspecto que surgió “allí” no se vuelva a ver nunca más.

El jugo de un error

Ciertamente, sin embargo, expresaba algo sobre nosotros: una neurosis, una adicción, una dificultad profunda, y disfrazada de manera irreconocible, podría reaparecer algún día. Pero si convertimos esa memoria en una enseñanza, nos será muy útil para la vida futura. Y la lección no es que debemos evitar cometer errores, sino abandonar la idea estática de nosotros mismos, dejar de pensar que somos una entidad ya conocida y sin sorpresas . Sólo de esta manera cada aparición de la Sombra, al encontrar un terreno más elástico, será menos explosiva y más manejable.

Prohibición de certezas

Hay habitaciones de nuestras almas que desconocemos, y quizás hay muchas más de las que solemos vivir. Evite decir: “Siempre”, “Nunca”, “Yo soy así”, “Yo soy el que”. No somos sólo esa hermosa imagen.

Mirar el pasado sin comentarios

Escapar significa depender más que nunca de la memoria. Sólo si aceptas lo que ha sucedido puedes evitar volver a caer en esos automatismos emocionales. Desde el momento en que te “viste” puedes cambiar y empezar a usar esa memoria para crecer. Ahora eres más libre.

Abrazarse y perdonarse

Cuando tengas un poco de tiempo, vete solo a un lugar que te dé tranquilidad: por ejemplo, un lugar de la infancia, el mar, un bosque, un jardín. Trate de establecer una armonía entre usted y el medio ambiente y luego abrácese, con comprensión e indulgencia como lo haría con un ser querido que reconoce su error.

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