¿Comunicación o manipulación? Descubre la diferencia

La capacidad de comunicación es cada vez más importante : se trata de un florecimiento de cursos y masters dirigidos a mejorar la calidad y el impacto de lo que uno tiene que decir. Cursos que, en su conjunto, dicen sustancialmente lo mismo, es decir, que hay que afirmar ideas y necesidades con fuerza, con determinación, utilizando estrategias que, en muchos casos, sólo pueden caer en formas de manipulación más o menos veladas . Por otro lado, la misma “lección” viene diariamente de los medios de comunicación y de la web: entran en nuestro tiempo sin pedirlo, invaden la intimidad, ejercen una presión continua que requiere atención. Pero hay una paradoja: justo en la era de la conexión ilimitada, la mayoría de la gente parece ser incapaz de conversar pacíficamente.

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Un malentendido puede resultar en manipulación

En psicoterapia, por ejemplo, cada vez más personas muestran sus teléfonos inteligentes al terapeuta para que pueda leer los diálogos o discusiones que tuvieron con su pareja, amigo, colega, miembro de la familia. Diálogos escritos -que, por tanto, en teoría, deberían ser más meditados que un diálogo verbal- de los que se desprende claramente una gran dificultad para hacerse entender y entender (obviamente estamos hablando de argumentos sobre cuestiones personales). Lo sorprendente es que, en un momento dado de la conversación, los tonos se iluminan de repente y, a partir de un guiño de cortesía, se llega a la provocación, al sarcasmo, a la agresión verbal, como si fueran las mejores armas disponibles en los momentos difíciles de la confrontación. O, para defenderse, se utiliza un lenguaje persuasivo pero artificioso: aquí la comunicación se transforma en manipulación.

¿El antídoto? Una bondad firme

No es que la bondad ya no exista hoy en día, o que no haya gente de buen corazón alrededor. Pero la amabilidad como herramienta de comunicación no está incluida en ningún curso ni en ninguna actividad social. Sin embargo, es una de las principales claves para acceder a cualquier tipo de diálogo fructífero. La bondad no como parte de una estrategia, no como una máscara temporal lista para dejar el campo a la agresión tan pronto como las expectativas no encuentren correspondencia inmediata. Es también el terreno mismo de la comunicación: una forma de hablar y de presentarse de alguna manera como un “ritual”; se nos viene a la mente la ritualidad típica de Oriente, constituida por arcos y fórmulas de acogida. Una facultad que da a la intención expresiva la capacidad de penetrar en la mente y el corazón del interlocutor como nada más sabe hacer. No hay mejor antídoto para la manipulación de una comunicación basada en la bondad, incluso o quizás especialmente cuando es necesario decir cosas desagradables.

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Así que la manipulación se desvanece

Hay dos maneras en las que la bondad puede actuar. La primera es aquella en la que la atmósfera de diálogo es serena. Aquí, ser amable acelera el debate, fomenta la apertura del interlocutor y crea la condición para que los mensajes lleguen a ambas partes de una manera directa, no mediada por sospechas u otras superestructuras mentales. Hasta ahora todo es fácil. La segunda es aquella en la que el diálogo se vuelve difícil y el interlocutor es opositor, enfadado o lleno de prejuicios. Aquí el modelo actual de comunicación prevé el uso de varias estrategias dirigidas a transmitir el concepto que tenemos en mente: en otras palabras, la manipulación. El uso de la bondad, por otro lado, es un elemento chocante, podríamos decir revolucionario, capaz de transformar un conflicto, un malentendido o un malentendido fuerte en un conflicto positivo. Espiar al interlocutor y, al mismo tiempo, hacerle sentir protegido de nuestra ira pero también de la suya propia; le da libertad de pensamiento y la posibilidad de reflexionar mejor, mejorando su estado de ánimo. La bondad, por lo tanto, no significa implosión o manipulación, sino dirigir el diálogo en un espacio de verdadera y auténtica confrontación.

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