Con la mirada derecha, el estrés desaparece.

Cada edad humana ha tenido su propio estrés específico, y sin embargo, si estableciéramos cuál es “el hombre más estresado de la historia”, el de estos años estaría a la vanguardia. Por un lado, disfrutamos de un confort, unas herramientas y unos derechos impensables hasta hace unas décadas, pero por otro, la complejidad de la vida cotidiana actual nos somete a una enorme presión. Tenemos miedo de ser despedidos, nos estresan las necesidades del Estado que tiene que salir de la crisis, tememos las enfermedades y los accidentes, vivimos en un clima de precariedad a nivel mundial, y a todo esto se suman los conflictos internos, las nuevas necesidades, el deseo de conseguirlo, los problemas familiares y mil otras cuestiones. Pero el mayor problema, paradójicamente, no es el estrés, sino el hecho de que no somos conscientes de ello. Antes de que tomemos nota del hecho de que estamos apoyando lo imposible, pasan meses y años, hasta que es un síntoma imponente que nos dice que necesitamos cambiar algo. Por lo tanto, es necesario que muchos de nosotros tengamos una mayor capacidad para reconocer el nivel de estrés que estamos soportando.

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Contra el estrés, mire dentro y en su cuerpo

El primer cambio es escucharse más unos a otros. Escuchar primero el cuerpo: su nivel de energía, su tono, sus deseos, sus síntomas. Se trata de restablecer un contacto más continuo, sin eliminar todas sus manifestaciones en nombre de los deberes y compromisos. Y luego escucha a la mente: ¿es ágil o cansada? ¿Tienes un pensamiento fluido o melancólico? ¿Es creativo o aburrido? No es difícil percibir todo esto: basta con dirigir la atención “hacia dentro”, apartarla unos minutos de las “cosas” y atraerla hacia uno mismo con la intención de sentir, y el conocimiento vendrá inmediatamente. El segundo paso es aprender a reconocer las señales de estrés que provienen del cuerpo y la mente. Sí, porque aunque teóricamente conocemos algunos de ellos, no reconocemos su importancia para mantener la salud. Hay que tener en cuenta que cuando se presentan con intensidad y frecuencia, significa que debemos intervenir.

No son los eventos los que te estresan…

El tercer paso es asumir la responsabilidad del cambio y ponerlo en práctica. A veces somos buenos autodiagnosticando que estamos estresados, pero nos detenemos ahí, sin cambiar nada. En cambio, podemos hacer algo para salir de esta extraña “anestesia de nuestra salud”. En primer lugar, dejemos de justificarnos diciendo que no se puede o bien que las cosas no lo permiten, o bien que no somos capaces de hacerlo. En todos los casos es posible hacer algo para reducir el estrés. Si no puedes cambiar la situación externa, de hecho, siempre puedes cambiar tu actitud. Puede parecer una solución alternativa, pero es el paso más importante. Descubriremos que nunca son las “cosas” las que nos estresan, sino la forma en que las vivimos y que, por lo tanto, una vez más, al menos una parte de nuestra salud está en nuestras manos.

Daño por tensión excesiva

  • Debilita el cuerpo al promover la aparición de síntomas y trastornos.
  • Provoca angustia psíquica como ansiedad, pánico y depresión.
  • Reduce la calidad de sus relaciones y de su trabajo.
  • Te impide disfrutar de las cosas hermosas que suceden o que obtienes.
  • Hace que pierdas tu claridad y tomes decisiones diferentes a las que te gustaría tomar.
  • Promueve el envejecimiento prematuro de los tejidos del cuerpo.

Averigüe si está sereno o estresado

Señales corporales

  • Cansancio frecuente, debilidad crónica, sacudidas de sueño.
  • Tensión muscular, tendencia a desgarrarse y estirarse.
  • Dificultades digestivas, alteración de la motilidad intestinal, cambios en el ciclo menstrual.

Las señales de la mente

  • Nerviosismo, falta de atención, logorrea, dificultades de memoria y concentración.
  • Pensamientos obsesivos, deseo de escapar, pensamientos pesimistas frecuentes.
  • Respuesta excesivamente ansiosa incluso ante situaciones menos problemáticas.

Las cuatro acciones que transforman el voltaje en nueva energía

  • Escucha tu cansancio: el cansancio es la sensación corporal a la que quizás le damos menos importancia y que en cambio tiene más de todo. Aprender a escucharla y respetarla es crucial para prevenir muchas enfermedades. Lo mismo ocurre con la fatiga mental.
  • Revise su organización: el estrés crónico cierra nuestra lucidez y nos impide cambiar las cosas, empeorando aún más el estrés. Rompe este círculo vicioso reevaluando la organización de tu tiempo. Tenga en cuenta, en esta revisión, que debe haber espacio para un tiempo completamente libre, no dirigido a nada, no ocupado por nada, dedicado a la improvisación.
  • Reactiva el sentido del placer: Entre los círculos viciosos inducidos por el estrés crónico hay uno relacionado con el sentido del placer, que se elimina progresivamente debido a la falta de energía. Haga firmemente lo que pueda para recuperar las cosas que le gustan. Pero cuidado: no deben ser “puestos” entre mil compromisos, sino que deben tener su propio espacio legítimo y, de hecho, no estar acentuados.
  • Escribe tus sueños: si tu mente y tu cuerpo están sobrecargados y no se dan cuenta, el inconsciente en cambio lo siente muy bien y manifiesta a través de los sueños no sólo su desilusión, sino también los peligros que estás corriendo y las direcciones para escapar de esta esclavitud. Tome nota de ellos, obsérvelos y, posiblemente con la ayuda de un psicólogo profundamente arraigado, siga sus instrucciones.

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