Con los ojos cerrados, tome las mejores decisiones

Protegida por la tierra, la semilla germina cuando es su momento creando la imagen que está escrita dentro de ella: la planta de la que nació y que puede reproducirse. El cerebro actúa de manera similar: también necesita oscuridad para dar a luz a “nuestra planta”, es decir, las acciones que nos representan y nos hacen realizar. Obviamente la oscuridad en la que el cerebro crea es diferente de la del mundo vegetal: es una oscuridad metafórica. Consiste en no confiar en las facultades más a la luz de la mente, como el pensamiento y el cálculo, sino en las más oscuras e incontrolables, como la intuición y el instinto. Cuando se suspende el juicio, “secretamente” el cerebro comienza a trabajar. Así como la vida se genera al esconderse en la tierra, esperando pacientemente el momento de la floración, así también las soluciones vienen de la parte oscura y desconocida de ti, la que está envuelta en el misterio. En lo que no sabes de ti mismo está tu parte más fructífera. Puedes estimularlo con algunos trucos sencillos y operaciones prácticas. Aquí está cómo hacerlo.

No intentes averiguar qué hacer, sólo hazlo

¿Un trabajo incierto pero emocionante en el extranjero o una rutina aburrida pero cómoda? ¿Dar ese paso que podría ser decisivo pero también desastroso, o darse por vencido? ¿Lo amo o no lo amo? ¿Dejarlo o estar con él? Cuando tienes que decidir tienes dos maneras: tratar de calcular el punto correcto en el que dirigir tu vida. Pero la mente racional es limitada. O puedes confiar en alguien que sabe lo que es bueno para ti: tu naturaleza. Pero necesita tu silencio para mirar hacia afuera. Entonces no elijas inmediatamente, suspende tu juicio, no trates de entender. Silencie sus pensamientos y espere. Las mejores decisiones florecen por sí solas, de repente, cuando no se piensa en ello.

Depende de la profundidad del cerebro

Evite hablar de su elección y no pida consejo: corre el riesgo de perder la lucidez inundando su mente con charlas. La solución está confiada a la oscuridad, al conocimiento innato del cerebro. Escribe en un pedazo de papel: ¿qué quiere la vida de mí? Luego ciérrala en una caja y escóndela en un lugar secreto y oscuro. De vez en cuando piensa en ello, como una semilla que brilla dentro de la tierra y cuando llega su hora germina. Esconder tus dudas de esta manera activa un estado de conciencia diferente, abierto a las áreas más profundas del cerebro. Significa confiarlas a la energía de la vida, que es libre de actuar si no la detiene con sus pensamientos y objetivos

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Pregúntate a ti mismo, ¿qué me hace florecer?

Cuando las cosas no salen como te gustaría, cuando te sientes mal, cuando no eres feliz, es siempre por una razón interna: tu esencia no se expresa, no la dejas funcionar, no le permites hacer lo que eres. Problemas externos, obstáculos, dudas, son excusas. De hecho, son oportunidades para redescubrir la autenticidad. No pierdas el tiempo analizando lo que te pasa, no busques soluciones. Lleva la mirada al interior, a la oscuridad: lo que importa es no entender, es florecer. Deja de preguntarte por qué estás enfermo y pregúntate: ¿qué me hace sentir bien ahora? De ahí, espontáneamente, vendrán las respuestas.

¿El resultado? Ideas innovadoras y eficaces

Dejar el campo abierto a la oscuridad, al vacío mental, a la ausencia de juicios y comentarios, estimula la capacidad del cerebro para decidir sin interferencias externas. Como resultado, las ideas originales e innovadoras fluyen más espontáneamente y podemos reconocerlas más fácilmente.

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