Contemplar: la mente agradecerá

En el lenguaje común, el término “meditación” se entiende a menudo en un sentido místico-religioso que corre el riesgo de desviarnos. En realidad la meditación es sobre todo una forma de relacionarse con las cosas y los acontecimientos, y las técnicas meditativas son herramientas para prepararnos para el estado de vacío que mejor activa la capacidad regenerativa del cerebro. Cuanto más profundamente entremos en este estado de ánimo, más claro nos daremos cuenta de la frecuencia con la que somos prisioneros de nuestras intenciones, nuestras metas y los objetivos que tenemos en mente. Y sobre todo, cuánto sufrimiento o incomodidad depende del hecho de que llenemos nuestras vidas con cosas, pensamientos y creencias inútiles. Es entonces de fundamental importancia para nuestro bienestar buscar varias veces al día un espacio contemplativo , que nos permita “saltar” de la periferia al centro de nuestro ser y entrar en un estado de conciencia relajada, en el que podamos ser testigos de nosotros mismos. Poder hacer esto y convertirlo en una forma natural de estar en el mundo no es difícil.

Encuentra la profundidad de la existencia

Estás caminando hacia tu auto, o estás en el tren o en una tienda o donde quieras. Para convertir esta acción en un momento de contemplación, basta con hacerlo con total conciencia. Esto significa no dejarse envolver por pensamientos acerca de adónde irá una vez que esté en el auto o qué comprará para comer en la tienda. Sólo mantente presente en tu caminar, consciente de las personas que te rodean, de los sonidos, movimientos, colores y olores, sin que esto te lleve a ningún juicio, con una actitud como esta: “Este es el instante en que estoy viviendo y no es ni bueno ni malo”.

Conviértete en testigo de ti mismo Este tipo de observación interior “mentirosa”, a medida que se convierte en una forma habitual de ser, acorta la distancia entre la mente “pesada”, obstruida con opiniones unidireccionales, y la mente sutil, capaz de encontrar respuestas impensables en un tiempo muy corto. ¿Tienes algún problema? En vez de divagar, busca tu propio espacio contemplativo. ¿Estás sufriendo? En vez de torturarte o buscar consuelo, sé testigo atento de tu dolor. Intente hacerlo tantas veces como pueda. Se sorprenderá de la relajación de su mirada que le hará “saltar” por encima del escenario de sus laberintos mentales habituales para aportarle soluciones inesperadas en un futuro inmediato.

Así que cada momento se convierte en el más importante Siempre puedes hacer esto, incluso mientras haces las acciones más simples, por ejemplo, mientras lees un libro o cocinas. Ni siquiera tienes que cerrar los ojos: detente un momento y toma conciencia de tu respiración. No estás cambiando su ritmo, simplemente lo estás observando. Así como no lo estás juzgando, no estás pensando en ello: sólo estás siendo testigo de ti mismo en el instante en que vives. Y así, de la nada, regeneran la energía de vida dentro de ustedes.

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