Convierte la ira en una historia: la harás ambientar

La ira es una emoción intensa y molesta, pero por mucho que nos gustaría, no podemos eliminarla .
Afortunadamente, en realidad, sin nuestra “dote” natural de agresividad, a menudo nos encontraríamos a merced de los acontecimientos, incapaces de reaccionar ante las dificultades o los ataques hostiles que alguien encuentra en el curso de nuestra existencia. El problema de la “cólera” sólo existe cuando esta emoción no es aceptada por los que la prueban y por lo tanto, como regla general, es reprimida . En algunas circunstancias de la vida, esto parece inevitable, pero si la represión de la ira se convierte en nuestra forma habitual de vivirla, el riesgo es que, en cierto momento, sea la ira misma la que estalle fuera de nosotros, causando mucho daño.

LEA TAMBIÉN vienen crisis de enojo si usted no es usted mismo

La ira es una emoción: no se elimina por medio de comandos

Para evitar esto, lo primero que hay que hacer es aceptar que la ira es una emoción como cualquier otra y que es natural sentirla y no al revés. ¿Qué puede ayudarnos a dar cabida a este sentimiento dentro de nosotros mismos, evitando ser víctimas de él? La imaginación es ciertamente uno de los recursos a utilizar: para hacerlo bien se pueden utilizar las “reglas” que ya hemos ilustrado en este artículo. Narrar una historia imaginaria para uno mismo (algo así como un mito, un cuento de hadas, una leyenda) no es un escape de la realidad : por el contrario, es la mejor manera de mirar la ira con ojos diferentes a los habituales.

Activar lo imaginario y liberar la ira

Supongo que estoy solo…. sólo en un bosque, es de madrugada y camino lentamente entre raíces y arbustos… es otoño y el sol todavía se calienta agradablemente, evapora la lluvia del día anterior… Busco setas pero no estoy tan relajado y tranquilo como me gustaría… pensamientos e imágenes de frustraciones recientes en el trabajo, intolerancia, afectos insatisfactorios… trato de ahuyentarlos, no los quiero….a pesar de la distracción veo un hermoso hongo porcini entre las raíces de un castaño, a dos pasos y llego… pero soy descuidado, distraído: me tropiezo con una maraña de zarzas que se pegan a los pantalones, pierdo el equilibrio, caigo… y mi mano, dispuesta a tomar el hongo, en cambio encuentra las espinas de la zarza…. me pica mucho… me da mucha rabia por mi torpeza….

La ira explota con fuerza destructiva.

….Las zarzas, sin embargo, parecen tener vida propia, se mueven, se aprietan con más fuerza en las piernas, se levantan a los brazos…., con un estallido de ira me divorcio, me rindo, encuentro una gran rama seca y rompo las zarzas, lucho con ellas con furia, quiero destruirlas, aplastarlas, aniquilarlas…. Pero las espinas entran en mi mano dolorosamente, me divorcio con fuerza, justo lo que no debo hacer… la lágrima produce un surco profundo y muy doloroso……mucha sangre sale de la herida…gotas gotean sobre las hojas, sobre las zarzas sobre las que ahora camino…

…golpea al azar, incluso donde no quieres…sí

Me doy cuenta de que estoy jadeando y sudando: he destruido esas plantas inútiles, llenas de espinas, insidiosas, retorcidas, odiosas, pero me siento muy mal…. Me siento en un tronco derribado cerca, limpio la sangre en el mejor de los casos y me doy cuenta de que, en la furia, también he destruido el hermoso hongo que quería tomar…. lástima, el día parece arruinado…..de repente siento un gorgoteo en el silencio del bosque y me doy cuenta de que de una roca cercana brota un chorro de agua… me levanto y pongo la mano dolorida y sangrando bajo el agua: hace frío, es transparente, limpio… me siento mejor…

Pero es una pelea contigo mismo: ¡ahora puedes parar!

La cascada parece cantar, oigo música en silencio y una voz femenina, sutil, me acerco al agua, oigo mi nombre…. la voz es tranquila, casi alegre y dice…” mira: no hay zarza… luchaste contra ti mismo y te lastimaste, te lastimaste, te lastimaste… ¿no te parece inútil todo esto? Miro: es verdad que ya no hay zarzas….sólo quedó mi ira que ahora me ha dejado…No la quise y se ha vengado…La voz ya no está allí, pero un rocío llega a mi cara junto con el eco lejano de la risa de una mujer argentina…Miro mi mano: ya no hay ninguna herida…. en el suelo no veo zarzas sino ramas y hojas secas…S i, es verdad, comprimí la cólera que tenía dentro y ella explotó ……me lastimé, solo…no pensé que fuera tan fuerte…la ira es una reacción natural a los dolores ocultos y negados: ahora sé que ignorarla sólo aumenta el sufrimiento del alma….

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *