Cuando el médico da miedo

Solía ser así. Para nuestros abuelos no era un drama tener una visita al médico o esperar los resultados de un análisis de sangre: el médico realizado era una figura familiar y tranquilizadora, las enfermedades conocidas eran mucho menos, al igual que las pruebas que se podían realizar. A la medicina no se le pedía omnipotencia y por lo tanto la idea de poder enfermarse era una parte integral de la vida.

Hoy en día, el increíble aumento de conocimientos, las patologías conocidas, las refinadas técnicas de diagnóstico y los tratamientos disponibles crean paradójicamente un efecto que es todo menos calmante y que en muchos casos hace que una enfermedad sea inaceptable.

Paradojas del progreso médico

Es como si todo este “arsenal” para identificar y curar, en lugar de infundir serenidad y seguridad, evocara poderosos fantasmas de precariedad. Instrumentos como la tomografía computarizada o la resonancia magnética, que miran el interior del cuerpo de una forma que hace unas décadas hubiera parecido mágica a la propia ciencia, despiertan en las personas ansiosas la sensación de que “algo” capaz de aniquilarnos puede encontrarse en nuestro interior, de la misma manera que los análisis de sangre a menudo se consideran detectores potenciales de algo inesperado y horrible, incluso en la ausencia total de síntomas.

Por supuesto, este no es el caso para todos, pero cada vez más personas, incluso para simples exámenes de control, están perdiendo el control de sí mismas, produciendo una enorme preocupación irracional mientras esperan los resultados, o evitando visitas y exámenes incluso cuando es realmente necesario.

Síntomas

– Aversión total a los médicos y hospitales

– Negación de la necesidad de una visita incluso frente a síntomas obvios

– Voltaje muy alto y omnipresente mientras se espera una respuesta

– Fantasías de tener poco tiempo para vivir, pesadillas, a veces pánico

Miedos

– Tener un tumor maligno

– Tiene una enfermedad neurológica degenerativa (Parkinson o Alzheimer)

– Descubrir una predisposición al ataque cardíaco y al derrame cerebral

Riesgos

– Para aquellos que evitan las visitas y exámenes: descuidar los síntomas graves y menos graves hasta que sean incurables o más difíciles de tratar.

– Para los que se someten: subestimar todo lo que no forma parte de los tres grandes temores, pero que aún debe ser curado.

Exámenes temidos

– TAC y resonancia magnética (cabeza y torso)

– Análisis de sangre, tanto genéricos como específicos

– Ultrasonido

– Mamografía y prueba de Papanicolaou

– Endoscopias (principalmente gástricas y de colon)

Consejos: el médico debe ser “acogedor”

Comprender el sentido

Esta fobia revela:

(a) que usted sabe poco sobre sí mismo en profundidad;

(b) que su vida mental está demasiado desconectada de la del cuerpo;

c) que haces poco o nada de amor como te gustaría. Saberlo te ayudará a cambiar.

Elegir bien al médico

A costa de filmar a varios, acude a un médico de confianza, que sepa aceptar humanamente tus miedos y que, gracias a explicaciones claras y a la confianza en ti mismo, no evocará a los demás.

No “usar” miembros de la familia

Establezca una relación directa con este médico, sin involucrar a los miembros de su familia, induciéndolos a “rogar” que lo visite, especialmente si son aprensivos. Si tienes un síntoma, díselo a él primero, en secreto.

No se detenga

Si el médico elegido quiere visitarte o te prescribe pruebas, hazlo lo antes posible, no porque haya urgencia sino para reducir el tiempo de espera que, aunque lo pospongas, tarde o temprano tendrás que afrontar.

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