Cuando el vértigo habla de nosotros

Una buena pregunta que deben hacerse los que sufren de vértigo es ésta: ¿Hace cuánto tiempo que no dejo que algo “haga girar mi cabeza”? El mareo describe la “insurgencia” del mundo emocional en personas que tienden a favorecer la dimensión racional y hacen todo lo que está en su poder para frenar sus instintos: quieren ir directamente a la meta, cada emoción es un desvío. Es decir, son muy duros consigo mismos. Es una lucha entre la posibilidad de involucrarse y el intento de “mantener la cabeza sobre los hombros”: por eso vacila. El sentimiento de caer al suelo expresa el deseo de encontrar una dimensión inferior, terrenal, ligada al mundo de las emociones…..

Para que puedas ser más flexible Alejarse de los viejos hábitos significa “desarraigar” a través de un desequilibrio momentáneo. ¿Qué hacer? Es necesario dar más flexibilidad a la vida, aprender a acoger lo nuevo que aparece en el horizonte, a dirigir la mirada hacia otras formas de ser. Los ataques de vértigo pasan si cuestionamos las “reglas” que nos enjaulan y nos impiden “ampliar” nuestro horizonte. Damos voz a la libertad que estamos reprimiendo, con gestos pequeños pero efectivos.

Dejemos que la música nos lleve Busquemos un lugar acogedor y aislado en la casa y escuchemos buena música. Si el ritmo nos “captura”, empezamos a bailar. Bailar es una buena manera de descubrir que los giros y los movimientos de remolino, en lugar de asustar, pueden ser realmente divertidos.

Liberamos la espontaneidad Si el miedo a “caer” en el ridículo o a “perder” el control inhibe nuestras manifestaciones afectivas, intentamos poco a poco dejarnos llevar, por ejemplo, por un movimiento de afecto, o improvisamos una declaración de amor juguetona, o reaccionamos con un grito a una provocación.

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