Cuando estamos despiertos, ¿seguimos conscientes?

Si le preguntáramos a alguien cuántas horas al día está despierto y cuántas horas duerme en promedio, nos responderían que indudablemente duerme entre 6 y 8 horas al día y que el resto del tiempo está despierto. Sin embargo, nuestras horas de vigilia no son algo homogéneo y continuo como creemos: nos levantamos, tomamos los medios, conducimos en el tráfico, vamos al trabajo, hablamos y bromeamos con los demás, parecemos estar siempre conscientes y conscientes de lo que está pasando y de lo que estamos haciendo.

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La conciencia a veces “ausente”

Según un estudio reciente, publicado en PLOS Biology, al menos cada minuto (y durante unos 400 milisegundos) cada uno de nosotros perdería la percepción de sí mismo y el conocimiento del tiempo. Durante estos “agujeros” experimentaríamos estados de “inconsciencia” real. Los estudiosos de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) han planteado la hipótesis de que la conciencia funciona en dos fases: en una primera fase, llamada inconsciencia, el cerebro procesa los datos de la realidad. Para hacernos conscientes de estos datos, nuestro sistema nervioso tarda cientos de milisegundos, que comienzan a fluir desde el momento en que aparece el estímulo externo, visual, auditivo o táctil. Este “tiempo de latencia” es necesario porque el cerebro quiere darnos la información más clara posible y esto lleva tiempo procesarlo.

La percepción está formada por grados

El resumen de la investigación dice: “Un buzo salta de una colina. Vemos su trayectoria, el cielo azul, distinguimos cada momento. La conciencia parece ser una línea clara, una sucesión de percepciones en la que la información sensorial se traduce automáticamente en percepción consciente”. Esta concepción de la percepción fluida como una película ha sido cuestionada por varios estudiosos, incluyendo investigadores suizos. Según sus resultados, la percepción se forma a través de distintos momentos de conciencia, como si se tratara de una serie de “tomas” fotográficas que luego adquieren una fluidez. El procesamiento de la información del mundo exterior, por lo tanto, no equivale a una conciencia inmediata por nuestra parte: nuestro cerebro la procesa en “trozos de tiempo” de 400 milisegundos. Sólo entonces, en lo que se denomina “momento de claridad”, percibimos de manera homogénea y consciente los estímulos que nuestros sentidos han detectado, como una película que fluye ante nuestros ojos. Con su estudio, investigadores suizos querían investigar algunos aspectos del funcionamiento de la conciencia que todavía son poco conocidos y que devuelven al inconsciente la importancia que tiene.

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