Cuando la amenorrea es una protesta del cuerpo

Esta es la historia de una mujer que ha enfrentado valientemente un camino de cambio. Una historia que mejor que muchas teorías explica cómo a veces el cuerpo nos revela, a través del lenguaje de la enfermedad, verdades que tememos contarnos a nosotros mismos pero que debemos saber para volver a sentirnos bien. Giorgia es una mujer casada, tiene un hijo y ha planeado un segundo hijo. Justo cuando es el momento adecuado, su ciclo menstrual desaparece. Para los médicos no tiene nada, pero durante su viaje psicoterapéutico, que Giorgia se compromete a comprender y resolver su problema en ausencia de “causas orgánicas”, la imagen de la mujer organizada y práctica que la había caracterizado hasta entonces, de repente se agrieta y revela algo que hasta entonces había permanecido en silencio y oculto, como si no existiera….

“Verá, doctor, ser madre hoy en día es mucho más complejo que hace una generación. Tengo 35 años y soy un hijo de 4 que, debo admitirlo, “di a luz” comprobando cuidadosamente mis días fértiles en el ciclo, cuando había alcanzado la seguridad en el trabajo. Así pude disfrutar de mi maternidad en paz y luego volver al trabajo, después de haber arreglado el cuidado del niño. Quizás soy un poco demasiado racional, pero me gustaría que todo ocurriera en el momento adecuado y de la manera adecuada. Pero ahora mi vida no va como me gustaría: como pensé que podría querer dar a luz a otro hijo, mis períodos se han vuelto más irregulares y luego “ausentes” durante unos 5 meses. Mi ginecólogo me hizo hacer todas las pruebas y no surgió nada patológico. ¿Puede ayudarme a entender lo que le está pasando a mi útero y a mis ovarios?”.

Todo bajo control, o casi…

Giorgia, una mujer joven que es muy cuidadosa en su forma de vestir y en su relación con su feminidad, ha olvidado una cosa fundamental. El ciclo menstrual no es un “objeto” creado y gestionado por nuestra racionalidad: es la condensación mágica del mundo femenino y la esencia de la naturaleza. El útero, aproximadamente cada 28 días, también da testimonio de la renovación cíclica de los rasgos universales, preparándose para formar un terreno fértil para la semilla masculina. Si la fertilización no ocurre, llega la menstruación, que iniciará un nuevo ciclo creativo. Todo esto sin preguntarse si es el momento adecuado para trabajar, si el marido o la pareja está de acuerdo y si uno puede permitírselo…

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El poder de la verdad

Giorgia escucha las palabras del terapeuta un poco asombrada y luego, sin avisar, se pone a llorar. Es en este punto donde emerge la verdadera mujer que vive dentro de ella. “¡Por eso no puedo, doctor!”, dice sollozando. “Porque no lo quiero. Ya no quiero a mi marido, pero aún no lo he aceptado como un verdadero problema a enfrentar y por lo tanto otro hijo sería un buen problema, ¡nada más que un regalo! Giorgia todavía no había dejado que su alma expresara su rechazo a su marido y fingía que seguía queriendo tener relaciones sexuales, aunque cada vez eran menos frecuentes con él. Así que su inconsciente se apoderó de su cuerpo y bloqueó su ciclo menstrual. No hay deseo, no hay amor, no hay creatividad femenina …. . Giorgia en pocas sesiones hace una especie de restablecimiento de los últimos meses de su vida y entiende que, por formalidad y deseo de no arruinar toda la apariencia positiva de su familia, había aceptado formalmente no alimentar más a la Diosa de lo femenino dentro de ella. Y ella se había apagado. Con dificultad, y obviamente con dolor, decide hablar con su marido y, al mismo tiempo que éste abandona la casa, vuelven a aparecer los periodos tan esperados….

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La técnica que despierta a la hembra

Cuando tu ciclo no está ordenado y hasta se detiene, elige pasar un día solo junto al mar, en un bosque o en otro lugar que te guste, donde puedas estar en contacto con la naturaleza. En ese contexto, elige la figura mitológica femenina que más te atraiga: Venus, diosa del amor, Vesta, diosa del hogar y del hogar, Juno, diosa del matrimonio, Deméter, diosa de la maternidad. Dale a estas imágenes tu cara y tu cuerpo. Que vuelen, corran o piensen lo que quieran. Ya viven en todas las mujeres, pero a veces nos olvidamos de escucharlas a todas y preferimos una a la otra. Aprender a prestar atención a todas nuestras diosas puede ayudarnos a recuperar el contacto con nuestro femenino.

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