Cuando la ansiedad sugiere una salida.

Riccardo, un chico de 22 años, nos escribe para pedirnos consejo: “Hace algún tiempo conocí a una chica unos años mayor, muy guapa y encantadora. Inicialmente todo era perfecto y hermoso, estuvimos juntos por un corto tiempo, unos meses, pero lo pasé muy bien, fue el mejor momento de mi vida. Todo iba bien, pero en cierto momento empecé a tener una fuerte ansiedad en su presencia, quizás porque él estaba muy seguro de lo que quería, mientras que yo siempre me dejaba llevar…..

La ansiedad lo aleja de aquellos que no son para usted

Qué fácil es que esto suceda a su edad, Riccardo ha idealizado inconscientemente a la chica de la que habla, “transformándola” en la novia perfecta: bella, encantadora, la mujer que todos querrían. Si ese es el caso, ¿por qué viene la ansiedad? Sin encontrar una explicación convincente, Riccardo atribuye racionalmente su incomodidad al hecho de que él y ella vivieron la relación de una manera diferente: ella estaba muy segura de sí misma y de sus deseos, él estaba inseguro e indeciso. Así que la ansiedad se debe al hecho de que Riccardo no se siente a gusto con su pareja: ¿pero es realmente así? No, y son mucho más simples de lo que parecen, si pensamos en la ansiedad como una señal que el cuerpo nos envía para abrir los ojos, para hacernos comprender que la situación en la que nos encontramos no es buena. Por muy difícil que sea admitirlo, dadas las características “perfectas” de esa chica (que probablemente se asemejan mucho al ideal de una mujer que Riccardo ha construido a lo largo de los años), el cuerpo le está diciendo que no está enamorado, que en realidad no quiere construir una relación con ella, por muy bella y fascinante que sea. No nos enamoramos de alguien porque se parezca a nuestros ideales, sino porque una fuerza misteriosa, que los antiguos griegos llamaban Eros, toma forma dentro de nosotros y nos lleva a aquellos que realmente lo hacen por nosotros. Lo que le pasó a Riccardo parece tanto un enamoramiento temporal, común en su juventud, como un enamoramiento, pero le resulta difícil admitirlo porque ella “parecía ser la persona adecuada”…

Escucha la ansiedad: no te equivoques más

La historia de Riccardo continúa en la misma línea: “Rompimos, pero a veces nos sentimos y volvemos a vernos, pero yo sigo teniendo ansiedad sólo por recibir sus mensajes. Al principio, las relaciones sexuales eran satisfactorias, pero luego se volvieron frustrantes y ya no me gustaban mis actuaciones. Todo esto desencadenó un mecanismo de inseguridad incluso con respecto a hipotéticas historias futuras. Por qué reaccioné así: “Riccardo recibe una señal inequívoca de su cuerpo: siente ansiedad con sólo recibir mensajes de esta chica. Si realmente fuera la chica adecuada, tendría otras sensaciones, ciertamente positivas, y no la ansiedad y la inseguridad de las que habla. Además, Riccardo encuentra otro síntoma alarmante, la frustración ligada a las relaciones sexuales, que cierra el círculo. Eros es un papel tornasol infalible: si no funciona, no hay que enamorarse. Riccardo aceptará cuanto antes esta sencilla verdad, dejando de atribuirse a sí mismo y a sus inseguridades la causa del fin de la relación, para poder “aventurarse” cuanto antes hacia nuevos conocimientos, sin el peso de la ansiedad y la inseguridad.

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