Cuando los celos se vuelven obsesivos

Contrariamente a lo que se podría pensar, las emociones que te hacen sufrir siempre tienen una cara de la moneda escondida donde “habitan” nuestros miedos más íntimos: los celos son un ejemplo, y sobre todo el obsesivo, que a la larga lleva las relaciones y las obliga a terminar. Esta forma particular de celos se esconde de nuestros ojos, y los de los demás, el miedo a la soledad e inevitablemente lleva a aferrarse a la imagen de la persona incluso antes que a la persona real.

El límite entre él y yo

Stefania, una de nuestras lectoras, cuenta su historia de celos, que la ha llevado durante muchos años a sufrir y a no encontrar paz mental con su pareja, pero sobre todo con ella misma: “Mi marido y yo llevamos casados veinte años, ha sido una historia de amor, aunque con el tiempo se ha enfriado. Todavía lo amo, pero se ha vuelto cada vez más duro conmigo. Es verdad, con mis celos le estoy haciendo la vida imposible, pero no puedo controlarme: incluso estoy celoso de sus pensamientos, me gustaría espiarlo y saber qué hace sin mí, pero me doy cuenta de que al hacerlo me estoy lastimando a mí mismo y a él también. Y cuanto más lejos va, más celoso me pongo…”.

Desenmascarar el fantasma dentro de ti

Sólo si somos capaces de tomar conciencia de nuestros miedos podremos finalmente “enviar de vacaciones” el sufrimiento que nos atormenta. Los celos obsesivos ocultan el miedo a la soledad, y cuanto antes nos demos cuenta, antes podremos sentirnos bien y asegurarnos de que ya no nos persiguen. Incluso en las relaciones duraderas, los celos a menudo explotan, especialmente cuando la pareja descubre otros intereses y se aleja para encontrar su propio espacio. Es un sentimiento profundo y para superarlo no es necesario tratar de controlarlo o pretender ser superior, sino que, por el contrario, requiere enfrentarse precisamente a ese “fantasma del abandono” y al miedo a estar solos que es natural y que forma parte de cada uno de nosotros. Seamos amigos y los celos desaparecerán…

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