Cuando los secretos salvan a la pareja

Elisabetta, lectora de Riza Psicosomática, escribe: “He jurado a mis hijos que la falsificación no revela los hechos del pasado a mi pareja, y ahora me siento terriblemente culpable, porque después de ese juramento, tengo miedo de que algo malo les pase a mis hijos… no debería haberlo hecho, pero era la única manera de evitar que Fabio me acosara por mis experiencias pasadas…”. A veces en la vida sucede que nos comportamos de una manera que pensamos que está mal y terminamos sintiéndonos avergonzados por lo que hemos dicho o hecho. No sólo eso: si ese comportamiento concierne a personas muy cercanas a nosotros, podemos incluso temer que hayamos desencadenado, como por arte de magia, una especie de “castigo divino”. Este es el caso de Isabel que, para no ser sometida a la presión de su pareja, nos dice que ha jurado la falsificación sobre sus hijos y que ahora no puede darse paz por miedo a que algo malo les ocurra a los pequeños. Pero, ¿su comportamiento fue realmente tan malo? ¿O no le estaba dando opción? Lo más probable es que en esos momentos Isabel no pudiera ver otra salida y, por instinto, optó por la solución del falso juramento. El pensamiento común ciertamente consideraría que su gesto es erróneo, pero una mirada más cuidadosa no puede detenerse en la superficie: ¿qué pasaría si Isabel hubiera hecho lo único posible? ¿Y si el verdadero problema es querer saber la verdad a toda costa, incluso si esta verdad se refiere a un pasado que ya no existe?

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Confesiones que lastiman a la pareja…

¿De dónde viene toda esta tensión con tu pareja? Elisabetta entra en detalles: “Fabio y yo hemos estado juntos desde la escuela, pero durante nuestra relación nos hemos ido y nos hemos recuperado varias veces, hasta que decidimos intentarlo una y otra vez, prometiendo sinceridad absoluta. Al cabo de unos años me confesó todas sus experiencias pasadas e incluso entró en detalles y obviamente me pidió que hiciera lo mismo…. En parte le dije la verdad, pero sólo en parte porque sabía que no se lo tomaría bien y allí juré la mentira sobre mis hijos. Ahora Fabio ha vuelto a empezar con las preguntas y yo, cansado de oírme repetir las mismas cosas todo el tiempo, he admitido que he estado con otras personas: se lo ha tomado muy mal, especialmente por el falso juramento sobre nuestros hijos. Nuestra relación siempre ha sido complicada, nunca hemos sido capaces de ser honestos hasta el final por miedo a herir al otro y ahora ya no me cree…. “.

Protege siempre tu lado misterioso….

Hay, y siempre han existido, relaciones retorcidas, llenas de pausas, replanteamientos, tirones y primaveras agotadoras: algunas historias no pueden evolucionar, pero los protagonistas, obstinados en querer “creer”, continúan indefinidamente en un mecanismo fatigoso como en el caso de Isabel y Fabio. Su amor estalló en los pupitres de la escuela pero, impulsados quizás por su juventud y el deseo de hacer nuevas experiencias, cayeron en un círculo vicioso de abandonos y retornos, sin decir nunca adiós definitivamente, como quizás debieron haber hecho: con las excepciones necesarias, las relaciones que surgen en los pupitres de la escuela no están destinadas a durar…. Ahora, por enésima vez han decidido intentarlo de nuevo, pero en este caso prometiendo sinceridad, sinceridad, sinceridad, sinceridad. Resultado: le “confesó” todas las aventuras de su pasado invitando a Isabel a hacer lo mismo. Inevitablemente, la pareja se desgasta… ¿Era necesaria toda esta sinceridad? A veces, no decir todo es una señal de madurez: en efecto, en las relaciones un poco de misterio es una panacea. Paradójicamente, los secretos los habían mantenido juntos en una relación oscilante, mientras que la confianza sólo los mantenía alejados. No debemos permanecer anclados en las ideas comunes que la sociedad impone, en primer lugar en el mito de “contárnoslo todo”: una pareja no trabaja sólo si hay tranquilidad, sino que son los compañeros los que juegan el juego, los que dictan sus propias reglas y establecen su propio equilibrio…

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