Cuando no sepa qué decir, haga lo siguiente

No se trata de no tener una fantasía o de no ser interesante. Cuando una persona se escapa de nuevas situaciones y nuevos encuentros porque tiene miedo de no saber de qué hablar, reduciendo su asistencia al habitual pequeño círculo de amigos de confianza, el problema siempre está constituido por una fuerte forma de ansiedad escénica, que proviene de la presencia de un “juez interior” muy estricto.

Cuando hablar se convierte en “un escalamiento con las manos desnudas”

Fantaseando con lo que le espera antes de experimentarlo, esta persona tiene muchos problemas y preguntas, con miedo de no estar a la altura. Se trata de preguntas que, como es fácil de ver, implican el hecho de tener que ser, de tener que hacer, de tener que decir: la persona siente las relaciones como un banco de pruebas, un terreno en el que hacer una actuación de dialéctica, presencia y brillantez. Una prueba que se percibe como muy dura y que, precisamente por eso, puede ser un verdadero bloqueo. En estos casos, forzarse demasiado, de una manera que una vez más se considera un desafío, es muy contraproducente.

Lejos del centro, lejos del autojuicio

Esta ansiedad es una forma retorcida de situarse siempre en el centro de la observación. Como si tus propias palabras valieran mucho más que las de los demás, como si hubiera un ojo inmenso que sólo nos mira a nosotros. ¿Pero dónde están los otros en todo esto? ¿Son simplemente espectadores de esta terrible relación entre una persona ansiosa y él mismo, o están dotados de una existencia real? Darnos la oportunidad de cometer errores, sin ser condenados por ese juez, es el primer paso para conectarnos realmente con los demás y comprender mejor quiénes somos.

La actitud correcta

– Coloque el cuerpo en una posición cómoda.

– Tome la actitud mental de un observador, observe más acerca de los demás, lo que están diciendo y cómo lo están diciendo.

– Trate de involucrarse con el contenido del discurso antes de hablar.

– Tómese menos en serio y use un poco de ironía.

No tienes que decir nada. Pero empiece a mirar a otros

El primer paso es legitimarse en la posibilidad de permanecer en silencio o de decir unas pocas palabras. No pasa nada. Más bien, usa el silencio para cambiar tu atención de ti mismo a los demás, para observarlos mejor, para tener una idea más precisa de lo que están diciendo y, en consecuencia, para producir reflexiones de las que, si quieres, puedes hablar.

Sólo habla de lo que sabe

Traiga los discursos sobre su propio terreno, sobre temas que le son familiares pero sobre todo que le gustan. Si no estás interesado, no saber qué decir es natural! Al contrario, sería bueno que tanta gente no hablara en vano de lo que no sabe. Si quieres, haz preguntas: pregunta, informa. No arriesgas nada.

Desactivar el “juez interno”

Es esencial que reduzcas tu juez interno, que no te deja expresarte. La psicoterapia individual puede ser útil, pero quizás aún más, la terapia de grupo o los cursos, específicamente orientados a este problema, en los que se trabaja en grupos. Pueden crear dinámicas extraordinarias capaces de desbloquear incluso las situaciones más cerradas.

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