Cura la depresión viviendo la noche del alma

Los queridos gatos de Luciana, en todos los años que vivió con Antonio e incluso antes, le han enseñado una cosa: cuando sufres, cuando estás deprimido, escóndete. Ya se había dado cuenta cuando era niña con su primer gatito que, enfermo, había desaparecido en el bosque cerca de su casa, a las afueras de la aldea, para volver sólo cuando estuviera curado. Y luego, cuando creció, lo había visto muchas otras veces: sus gatos a veces volvían, otras veces, cuando estaban demasiado viejos y enfermos, decidieron desaparecer para siempre, para encontrarse solos con su destino inminente, como si lo vieran venir.

Haz como los gatos contra la depresión

A veces había hablado de ello con Antonio, su compañero de toda la vida, su alma gemela. Antonio, que ya no estaba. Una enfermedad se lo había llevado, no en el bosque, sino en una mala cama de hospital. Luciana lo asistió hasta el último momento, con una sonrisa en los labios para que no sintiera un dolor extra, el suyo propio. Luego, cuando se va, se derrumba y la depresión explota. No se da paz, se desespera, llora durante horas, llama a sus amigos en el dolor más oscuro y les exige que la escuchen durante horas. Entonces un día recuerda a los gatos….

Esconderse es curarse de la depresión

Luciana y Antonio habían comprado unos años antes una cabaña muy aislada, a dos horas de camino de casa. Confiaban en utilizarlo en su vejez como refugio, como nido, lejos de todo el mundo. Una mañana Luciana se despierta y sabe que tiene que ir allí, de inmediato. Scarponi, una pequeña mochila con algunas provisiones, sin teléfono, se pone en camino y pronto está en la cabaña. No digno de una mirada el maravilloso paisaje natural que habían admirado encantado en los días felices, entra y cierra la puerta por detrás, enrejado, como enrejado están las ventanas. Eso es lo que necesita. Se esconde en la oscuridad y en silencio durante días y días, rara vez come los pocos suministros, no se lava. Acuna su inmenso dolor, su depresión, como un niño acunado.

De la oscuridad viene el renacimiento

Todavía es invierno, el tiempo era gris y oscuro para todos los días en los que Luciana vivió como ermitaña. Un día, sin embargo, en la vigilia matutina de su catre, Luciana es despertada por un rayo de luz amarilla que penetra a través de un destello en las persianas y late en sus ojos. Sin pensarlo, se levanta, quita la barra y abre la ventana para ver qué pasa y desde la ventana una ola de luz primaveral y el olor del bosque salta a la cabina. Respira y quiere cocinar algo para sí misma. Abre la puerta de un armario, que no había tocado en toda la semana. Se deslizó dentro, entre la puerta y el panel de madera, y vio una foto. Ella y Antonio la habían tomado el año anterior, en un momento feliz. Son abrazados, bajo un abeto cercano. Luciana la mira y una lágrima marca su rostro, pero con ella aparece una sonrisa. Ella suspira. Ella sabe que llevará esta imagen con ella por el resto de su vida, pero su angustia ha terminado y también la depresión. Ha caminado toda la noche, ha hecho borrón y cuenta nueva, se ha aniquilado. Cuando él murió, ella respondió con una muerte virtual que transfiguró su historia y la llevó al reino de las imágenes: un reino eterno en el que toda la energía de la vida reside para siempre. Ahora puede volver a vivir, sin miedo a traicionar su memoria……

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