Danza, ritual de amor

La danza siempre ha sido considerada como una forma de actuar, una especie de “ritual social” en el que se establecen reglas, patrones o emociones. La danza “social” del siglo XVIII fue el momento en que las hijas de un marido aparecieron en la sociedad, para que los pretendientes pudieran admirarlas y, reservando un baile en su cuaderno, pudieran celebrar acuerdos matrimoniales. El baile de pareja, pensado como el momento más íntimo y de encuentro, emerge en el siglo XIX, con el vals, donde finalmente se desatan los rígidos patrones del baile del siglo XVIII para permitir que la pareja se sostenga en el abrazo romántico. En la práctica, el baile es el espejo de la dinámica de la pareja: si en el pasado la pareja existía sólo para el interés social y la unión de las familias, en los tiempos modernos la familia se convierte en el símbolo de la unión romántica y no de interés, donde es el vínculo sentimental y emocional que une a las dos parejas.

Eros se esconde en la danza La danza se convierte así en la expresión del abrazo, del contacto físico sin más reglas fijas, rígidas y prefijadas. En la danza, los roles de hombre-mujer se presentan de nuevo en forma de masculinidad y feminidad, especialmente en las danzas de raíz afrocaribeñas , donde la expresión corporal siempre ha reproducido diálogos reales entre las parejas, basados en una “seducción ficticia” recíproca. Por no hablar del juego sensual del tango, que es sin duda la danza de pareja más erótica; el tango se ha definido como “la expresión vertical de un deseo horizontal”: el tango es la sensualidad hecha danza. Tanto en el tango como en el sexo debe haber libertad: en el hombre para decidir los pasos, en la mujer para aceptar las invitaciones. El final de un tango es un poco como la situación post orgasmica: para el hombre al final de un tango hay satisfacción, el hombre está casi “lleno” dio mucho, mientras que la mujer se proyecta hacia adelante, el placer sentido la proyecta al siguiente baile, donde coloca un deseo que continúa sin pausas.

Cuando baila….solo! Hoy en día el baile ya no es una pareja, sino un individuo: en la discoteca el protagonista ya no es la pareja, sino el grupo o el individuo. El single es arrastrado por el grupo en movimientos que recuerdan a un rito dionisíaco, caracterizado por el “high”. El resurgimiento del “Dionisio” revela la necesidad humana de exceso: después de todo, Dionisio representa la búsqueda espasmódica del placer a lo largo de la vida, ¡incluyendo la transgresión y lo elevado! Pero mientras que para los griegos Dioniso era una energía abrumadora, un impulso insondable y el flujo de la vida, para los jóvenes de hoy a veces parece más bien un anhelo de extremismo que lleva a la cercanía en el individualismo y no a proyectarse hacia el otro. La música debe originar emociones que den vida a sentimientos que los cuerpos convertirán en danza. Gracias al baile en pareja es posible que la pareja entre en contacto con el cuerpo del otro y con las emociones más fuertes, y de esta manera expresar el deseo, la pasión, la creatividad y sentirse realmente vivo!

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