Demasiada diplomacia perjudica tu salud.

Cuando hay una crisis y dos estados terminan en conflicto entre sí, los diplomáticos entran en el campo, hombres que median entre las partes y tratan de llevar el conflicto de nuevo a un diálogo evitando un “tiroteo”. Lo mismo sucede en nuestra vida cotidiana: entre la gente que frecuentamos casi siempre está el que desempeña el papel de “diplomático”. Nunca entra en una discusión y más bien amortigua su tono, hace todo para evitar conflictos, mantiene relaciones con todos sin desequilibrarse nunca. Desafortunadamente, este tipo de persona siente la necesidad de intervenir en cualquier caso en los conflictos entre el altir , incluso cuando nadie se lo pide….

Los riesgos de la diplomacia “extrema”

Hay una regla universal: todo “papel social”, cuando se vuelve demasiado rígido y siempre igual a sí mismo, efectos indeseables, tanto en los que lo interpretan como en los que lo sufren. El “diplomático” paga un precio muy alto si sólo desempeña este papel si lo que dice y hace está siempre al servicio de la “vida tranquila” colectiva, difícilmente puede sacar a la luz lo que realmente piensa o actúa como le gustaría. Los pensamientos, las palabras y las acciones son siempre mediadas, filtradas, consideradas, en detrimento de la naturalidad y la espontaneidad. No es raro que esto se traduzca en la aparición de síntomas molestos: tensión muscular, ansiedad, dolor de cabeza, colitis, gastritis…. No sólo: los amigos, que en muchos casos se benefician de su “neutralidad” y de la calma que sabe inculcar, pueden sentirse aislados de una relación individual, irritados porque nunca adoptan una postura firme -dando la sensación de ser alguien o relativista en todos los campos- y no encuentran en él esa complicidad imparcial que a menudo se exige de los amigos. Sobre todo, son incapaces de conocerlo, de saber quién es realmente, porque nunca renuncia a su máscara de diplomacia. En definitiva, se convierte en una verdadera Esfinge, que no resuelve el enigma de su verdadera identidad. ¿Qué esconde el “super diplomático”

?

– Miedo de ser juzgado porque él mismo es el primer juez.

– Dificultad para aceptar el amor de manera directa e individual.

– Gran temor al conflicto, percibido como desestabilizador.

– Opiniones reales a menudo en contra de las que se expresan públicamente.

– Agresividad y enojo camuflados por un comportamiento “de moda”.

– Un anhelo de poder, de consenso y de gestión de situaciones colectivas desde una posición dominante.

Qué deberías hacer si eres “él”….

Abierto a pequeños conflictos – Marcar, mediar, retener. Esto crea una fuerte presión interna: dejar que fluya desde las situaciones más simples. Cuando hay conflictos inofensivos en su grupo que no le conciernen, no intervenga para encubrirlos y observarlos. Verás que va mejor de lo que temes.

Liberar el cuerpo – Como su mente, el cuerpo siempre está enjaulado en movimientos “controlados”. Hacer una actividad física adecuada: un deporte de equipo es ideal para sacar a relucir y afirmar tu ser dentro de un grupo. Si esto no es posible para ti, elige uno individual en el que puedas liberar mucha energía.

…O sus frecuentadores

Encuéntralo a solas – No te quedes en situaciones de grupo: haz algo contigo mismo. Sin el foco de atención de los demás puede abrirse más fácilmente y hablar de sí mismo con menos miedo, especialmente si muestras un sincero interés y voluntad de escuchar. No lo sabe, pero no puede esperar para decírselo a sí mismo un poco…..

No te hagas homologar – Hazles entender, incluso cuando estés en un grupo, que tienes tus propias ideas y que no quieres ser considerado como “parte de una masa” sino como un individuo. Al principio se opondrá, pero si usas un poco de ironía sana y divertida, sin pincharla, puede relacionarse contigo de una manera más “diferenciada”.

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