Demasiada precaución te desconcierta!

La palabra prudencia viene del latín prudentia y significa ante todo sabiduría. Según los antiguos, el atributo principal de los que querían ser sabios era una actitud de precaución meditada, luego de prudencia frente a las diversas situaciones de la vida. No es casualidad que en la cultura latina y griega se haya desarrollado el concepto filosófico de “medida”: para ser utilizado en las artes, en las relaciones, en los juicios. La expresión de esto era un aforismo que aún hoy se utiliza: in medio stat virtus, es decir, la virtud/sabiduría se encuentra en el centro, en una posición intermedia entre dos polos opuestos. Desafortunadamente, sin embargo, si esta visión se aplica de una manera rígida y global, corremos el riesgo de aprovechar la vida en esquemas rígidos y repetitivos que deprimen en lugar de alimentar la energía creativa .

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Si las cosas salen mal, déjelas ir

En una sociedad tan ansiosa y agitada como la nuestra, es fácil confundir el concepto de precaución con la obsesión por “gestionar todo”. Una actitud que no conduce a la sabiduría, sino al hipercontrol, por miedo a que las cosas se salgan de control. La vida deja de fluir espontáneamente, especialmente en un ambiente amistoso y sentimental, donde una mente libre y curiosa sería más útil. ¿Cómo podemos salir de esto? En primer lugar, tomando conciencia del daño de una actitud calculadora.

Demasiada precaución le hace perder oportunidades

El hipercontrol “existencial” impide que lo imposible -o lo que parece imposible en ese momento- sea concebido y, por lo tanto, que ocurra. Nunca escogido fuera de lo ordinario, nunca gestos hechos sólo con el corazón; en resumen, limita la vida a lo conocido, y por lo tanto la apaga. Sin embargo, la vida nos pone a menudo frente a situaciones más complejas o diferentes que en el pasado, en las que sería necesario poner en juego otras situaciones: ligereza, desinterés, irracionalidad o flexibilidad; ingredientes indispensables para evolucionar y ser feliz . Pero los que controlan todo no quieren saber nada al respecto y simplemente lo lanzan directamente, perdiendo valiosas oportunidades o haciendo sólo daño.

Precaución no significa control excesivo

El hipercontrol no tiene nada que ver con la prudencia natural , sino que es una máscara que sofoca los impulsos vitales y, con ellos, el impulso de vivir, crecer y soñar. Quitémoslo, en los momentos adecuados para todos, y no nos arriesgaremos a ver nuestra alma en las garras del cinismo o del miedo a todo. Así es como se hace:

  • Expresa tus sentimientos. La precaución al expresar sentimientos y emociones sólo puede secarnos, así como hacer que nuestra pareja se sienta menos amada y, a la larga, comprometer nuestras relaciones.
  • Aprende a distinguir. El hipercontrol y la precaución excesiva a menudo le impiden captar los matices de las diferentes situaciones, haciéndole pensar que todas son iguales. Pero este no es el caso: practiquemos entendiendo cuándo es necesario el control y cuándo hay que dejar de amarrar.
  • Aprovechar las oportunidades. Hay ocasiones que ocurren una sola vez. Suelen ser los más importantes. Sentimos que es hora de seguir las reglas, renunciamos a los cálculos prudenciales o podemos arrepentirnos durante mucho tiempo.

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