Depresión: para salir de ella, imita a la naturaleza.

Valeria, lectora de Riza Psicosomática, escribe sobre un problema que la deja perpleja: “Soy una mujer activa y dinámica, los intereses y las actividades llenan mis días pero no entiendo: lo hago todo y luego? Cuando llega el fin de semana o las vacaciones puntualmente me siento enfermo y me siento cansado, apático, en depresión . ¿Resultado? A menudo vuelvo a trabajar en pedazos…” Como muchas personas hiperactivas, Valeria vive con incomodidad cada momento de descanso: la incomodidad llega justo en el momento en que puede relajarse y emerge una especie de depresión . ¿Pero cuál es el sentido de este sentimiento?

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Acepta la depresión, sin opuestos

Las emociones que se le presentan a Valeria tan pronto como se detiene, son interpretadas por ella como negativas y erróneas. Los otros también la animan a reaccionar, impulsada por la mentalidad común que en éste, como en muchos otros casos, no ayuda. Nadie tiene en cuenta el hecho de que las fases de ralentización son algo natural y necesario y deben ser acogidas sin juicio, de lo contrario degeneran y se convierten en un sentimiento de apatía y depresión . En lugar de condenar esta “extrañeza”, hay que leerla bien: dentro de Valeria hay, justo en esos momentos, otra parte de sí misma tan natural como la que suele mostrar al mundo, una parte a la que quizás no le da suficiente espacio. Incluso a través de estados de depresión que se refieren a la oscuridad y la nada, las formas anticuadas de pensar, los viejos hábitos son suspendidos y eliminados . El problema no es el stop, sino nuestra resistencia…

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Haz la guarida y deja el mundo fuera: de esta manera puedes superar la depresión

Por ejemplo, la hibernación de los animales y el letargo invernal de las plantas son estrategias evolutivas que aportan conocimientos innatos. Las plantas minimizan el consumo de energía, pierden las hojas en lugar de que las yemas broten en primavera, mientras que los animales, escondidos en un lugar oscuro y aislado, se enfrentan a condiciones adversas y sanan las heridas. Como si estuvieran “imitando” una especie de depresión universal , indispensable para favorecer el renacimiento de la primavera. Algo similar también lo hacen los niños con su escondite, por diversión o para superar un problema. Aceptar lo nuevo, dejar de resistirse a los cambios: para muchos no es fácil, pero sí lo son las acciones que podemos emprender para aprender a hacerlo.

Una manera natural de hacer espacio para las energías que vienen a regenerarnos es “hacer la guarida”, un momento aparente de inactividad que sirve para dar el espacio adecuado a las energías creativas que aparecen en las fases de transición. Cuando estés allí, no contamines tu guarida con pensamientos, expectativas y juicios: hazlo de una manera sencilla, con la mente vacía, sin esperar nada, y luego regresa a las actividades habituales. De este espacio tranquilo y silencioso surgirán energías de sanación y transformación inesperadas. Tómalo, dale espacio, cada día un poco más y lentamente la depresión desaparecerá por sí sola….

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