El amor necesita egoísmo

Amar egoístamente no significa ser indiferente a las necesidades o intereses de la pareja: cuando hacemos el amor, nuestro concepto de “placer personal” se expande para abarcar el placer y el disfrute de la pareja. Este es el gran regalo del sexo. Alcanzar el placer es como vernos a nosotros mismos en el otro y querer celebrar con el otro. Si te acepto y te respeto, no es por altruismo. Si estoy atento a tus necesidades y sentimientos, si te tengo en mis brazos, si te acaricio, no es por altruismo. Si dos amantes son lo suficientemente sabios como para pasar tiempo juntos sin hacer nada (pero sólo por estar juntos y compartir su ser) o si están haciendo el amor juntos, significa que quieren compartir el viaje en sí mismos, “usándose” el uno al otro para cavar más y más profundo, usando al otro como guía, facilitador, espejo, caja de resonancia para la exploración de sí mismos. Hacer el amor con el otro significa hacer un camino de auto-descubrimiento. El “egoísmo sano” se convierte en un vehículo para el crecimiento personal.

En busca del placer mutuo

Amar de manera altruista es una contradicción de términos. Para ser más claros, tratemos de preguntarnos si nos gustaría que nuestro compañero nos acariciara de una manera altruista, sin ninguna gratificación personal al hacerlo, o si nos gustaría que lo hiciera con placer. Y de nuevo, si queremos que pase tiempo con nosotros para un acto de sacrificio, o si preferimos que viva cada momento como un momento de alegría y de intensa satisfacción personal. El amor altruista no es un ideal noble al que aspirar, sino una ilusión peligrosa…

No a los sacrificios

Incluso en las relaciones más íntimas y amorosas, debemos ser conscientes de nuestras necesidades y deseos primero, y sólo entonces podremos y debemos cuidar de las de la pareja. Por supuesto, para vivir una sexualidad feliz, hay que tener complicidad y a veces hacer concesiones, pero lo importante es no sacrificarse por amor. Si sacrificas tus necesidades y deseos con demasiada frecuencia para complacer a tu pareja o simplemente para satisfacer sus deseos, cometerás un crimen contra la pareja: contra ti, porque traicionarás tus valores, contra tu pareja, porque le permites que se beneficie de tus ofrendas sacrificiales, es decir, que se convierta en alguien contra quien sentir resentimiento y también contra el eros. Este es un comportamiento que nunca beneficia la pasión y el deseo. Los que quieren amar para dar placer a los demás y que se “niegan” el placer a sí mismos tienen un problema: su problema no es el egoísmo, sino la inmadurez. El sexo satisfactorio no requiere auto-sacrificio, sino una comprensión madura del egoísmo.

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