El bondad te hace engordar: ¡deja de actuar ahora mismo!

Úrsula escribe: “Mi problema es el sobrepeso. Soy lo que todo el mundo llama “el gordo”. No siempre tuve sobrepeso, de niña era un clavo, pero era intratable, gruñón, nunca feliz. Peleé con todo el mundo, un partido que se enciende en un momento. Al crecer me volví sereno, más tranquilo y más disponible: a veces parezco el “retrato” de la bondad . Ahora estoy muy callada y callada, todos me quieren, pero yo sufro por dentro. Me gustaría ser más delgado para sentirme mejor conmigo mismo. ¿Qué tiene que ver la bondad con el sobrepeso? Vamos a averiguarlo…

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El goodismo oculta la autenticidad

En pocas palabras, Úrsula conoce un dato precioso: dice que de niña era muy gruñona, susceptible y peleaba con todo el mundo, mientras que ahora está callada, callada, todo el mundo la quiere. Sí, pero el que ha ganado peso es el Oso tranquilo: el otro no se llevaba bien con nadie, pero era auténtico. En esa forma de ser había algo esencial para su desarrollo. En cambio, es como si en un momento dado hubiera empezado a decir: “Soy alguien que se pelea con todo el mundo…”. Ya nadie me querrá… ¿Dónde voy a acabar con este personaje? Estaré sola y no encontraré pareja. Quien desencadena esta actitud se desliza fácilmente hacia un goodism recitado y destruye su autoestima, porque ese personaje gruñón estaba “haciendo a Ursula”, lo que podía y todavía puede llegar a ser. La inquietud de un niño es como un viento que necesita ser contactado para que “él” pueda barrer la máscara de bondad .

Si apagas tu llama interior, ganarás peso

Atención: no es necesario buscar la causa de esa inquietud (que ciertamente todavía existe, bien escondida por las libras de más), sino considerarla un aspecto de la propia semilla, de la propia singularidad. Sin embargo, si lo detienes, si te preocupa que todo el mundo te quiera y luego empiezas a poner en escena la bondad , apagas esa cerilla. De ahí viene la grasa: es como el agua de un río que termina en una curva y se vuelve vacía, hinchada. No es casualidad que las personas obesas o con sobrepeso a menudo se fuerzan a jugar el papel de la bonaccione y el simpático. El exceso de bondad es el otro lado de la búsqueda de suavidad, cojines protectores que amortiguan las heridas que el mundo causa. La renuncia a su unicidad tiene su espejo en un cuerpo que se vuelve suave y redondo, perdiendo su verdadera forma. ¿Dónde está el nervioso e irascible Oso ahora? Tienes que buscarla, no ha desaparecido. No se trata de discutir, sino de reactivar, a través de esa antigua imagen, las energías y fuerzas que Ursula ha enterrado. Tan pronto como reanude su viaje sin preocuparse por quién la aprecia o no, sin darse cuenta, comenzará a perder peso.

Ejercicio: bailar solo, para ti

En un ambiente tranquilo y oscuro, cierre los ojos y respire lentamente. Empieza a formar una imagen en tu mente: la imagen de ti mientras bailas. Te ves a ti mismo bailando, te mueves, como si hubiera un viento que te tocara el pelo, que lo alterara. No puedes controlarte. Confías en el baile. Te vuelves contra ti mismo, saltas, corres, la danza infecta tus brazos, tus manos, tus piernas, tu cuerpo. Es la danza que se mueve dentro de ti, es él quien te guía. Y mientras bailas, tu mirada se desplaza hacia el deseo, la danza se convierte en una danza erótica, pero no para alguien, sólo sientes el eros, que pasa a través de ti. El placer ahora se apodera de ti, es él quien te hace bailar. Sientes los escalofríos en tu cuerpo, el placer, el deseo. Y en este estado ves otra vida: llevas otro vestido, te encuentras haciendo cosas que no haces ahora. Ahora que la escena cambia, estás junto al mar. No sientes más contraste, eres libre. Y te encuentras caminando sin rumbo, sintiendo el deseo en tu interior. Y en este deseo ves desaparecer todo lo que te preocupaba. Eres una persona nueva: ahora puedes abrir los ojos……

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