El buen tipo se hace daño a sí mismo y a los demás

“Me trata mal porque en realidad quiere incitarme”; “se enoja con todo el mundo pero al final es un buen hombre”; “No lo hace a propósito: así es él, así es su manera de ser”; “No es susceptible: es muy sensible”. Estas son algunas de las frases que mejor describen la actitud hipercomprensiva de aquellos que a toda costa quieren ver en otros, que prevalecen, ofenden o conspiran, aspectos positivos o intenciones que realmente no existen. Es una forma particular de bondad integral, pero se expresa sobre todo con personas con comportamientos más cuestionables, que merecen justo lo contrario, por ejemplo, una crítica perentoria o el cierre de la relación. Es como si uno encontrara una satisfacción particular en ser el único que encuentra “la verdadera esencia”, obviamente buena, de alguien que, a los ojos de los demás, parece reprensible. Es como si uno se diera cuenta de lo que los demás no ven, atribuyendo a los demás su buena fe, su ingenuidad y también la inexperiencia de la vida.

Cuidado con el bumerán de la bondad

Pero todo esto, que a primera vista parece digno de elogio, casi siempre resulta ser un bumerán que hace sentir mal a la persona, exponiéndola a la desilusión y a la manipulación. Lo hipercomprensivo, precisamente por su modo acrítico y justificado, atrae a los individuos que se aprovechan de él. Saben que hagan lo que hagan, serán comprendidos y perdonados e incluso valorados paradójicamente: su interlocutor, en su exasperada bondad, ha perdido el contacto con la realidad y, por lo tanto, será capaz de soportar la violación de cualquier código moral. Así, por ejemplo, una mujer se encuentra cada vez a merced de parejas violentas, o un amigo es constantemente engañado económicamente o explotado para los fines egoístas del otro. Muchas personas, incluso sin ser hipercomprensivas, pueden caer en este mecanismo: esto sucede cuando “el especulador” tiene características misteriosamente en sintonía con nuestro lado Sombra, características desconocidas para nosotros pero por eso atractivas de una manera casi irresistible. Comprender esto es esencial para detener este juego perverso, que podría poner en peligro incluso a las personas que nos rodean.

Justificar todo y a todos es contraproducente

Lo hipercomprensivo no es sentimental. Por el contrario, es totalmente racional y suprime sus emociones en la raíz, hasta que ya no las siente. Practique contactarlos de nuevo y luego expresarlos. De vez en cuando te dices a ti mismo, con otra voz, cómo te sientes realmente cuando te enfrentas a los diversos comportamientos de los demás: “En este momento estoy sereno, ansioso, alterado…”.

Apagar el acto de bondad

La máscara de la hipercomprensión es una máscara: la imagen de la “persona bella” de la que no hay críticas o emociones negativas, desde una edad temprana sirve principalmente para ser aceptada por los demás. Salvar la imagen del otro significa en realidad salvarse a sí mismo: se comprende esta dinámica y se abandona el buen carácter. Es el primer paso para ser tú mismo.

Sé egoísta, busca ayuda!

Si siempre tratas de justificar a los que no lo merecen, negando la evidencia, terminas irritando a los que te rodean y te comportas bien, o pones en peligro a otras personas (aparte de ti mismo), como los niños a merced de una pareja agresiva. Una consulta psicológica puede ayudarnos a comprender si la bondad nos hace perder el contacto con la realidad.

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