El juez más severo de ti mismo… ¡eres tú!

¿Estás seguro de que alguien te está juzgando mal? La realidad no tiene miedo de lo que otros piensan, sino de lo que ellos piensan. tú crees! Tú eres el que se critica a sí mismo: sólo entonces atribuyes tu crítica a los demás. Así que estas son las buenas noticias: no te preocupes, nadie te está juzgando. Pero también hay una mala noticia: no encontrará un juez más estricto que usted. He aquí una historia ejemplar, para entender bien el problema y poder superarlo.

El miedo al juicio desgasta el alma….

Silvia es una madre y esposa perfecta. Vive para su marido y sus hijos y siempre lo hace con una sonrisa en la cara. Nunca dice que no, hace lo mejor que puede, se da cuenta de los deseos de los demás antes de que puedan formarlos. Nunca una desviación de sus deberes o un olvido. Pero está tensa, estresada… Como si su perfección no fuera una perfección feliz, resultado de un placer genuino de hacer lo que hace, sino de un autocontrol casi inhumano. Después de todo, su marido no hace nada en casa, parece que se está aprovechando de ello. Y Livia se siente como la vendedora que tiene que hacer bien su trabajo con ella, bajo pena de ser gritada

… y el perfeccionismo genera ansiedad: ¡la solución!

Hasta que, un día, en esta imagen de serenidad de la publicidad, los ataques de ansiedad se desploman. Violento, continuo. E inmediatamente después, aquí hay un síntoma extraño y perturbador. Cada vez que prepara la comida, después de haberla servido en la mesa, le viene a la mente una pregunta escalofriante: “Oh, Dios mío, ¿no he puesto veneno en la comida?” La pregunta la aterroriza. Por supuesto, ella sabe lo absurdo que es, pero no es del todo improbable: “A veces hago las cosas como un sonámbulo. ¿Y si realmente le hubiera puesto veneno? Oh, Dios mío, ¡eso es una locura!”. No puede confesar su obsesión, la tomarían por tonta y se asustarían. Ella sólo tiene éxito después de un curso de psicoterapia, al que su marido la lleva porque siente su estrés. A través de esta experiencia, Silvia entiende que las obsesiones del veneno no eran más que todos los no que no podía decir, la agresión reprimida, el miedo a transgredir su papel. ¿Pero quién le impuso ese papel? ¿Su marido? Son días de confesiones y él también tiene una que hacer: hasta ahora le ha delegado todo por debilidad, porque siempre ha visto en ella a una mujer fuerte y autónoma y secretamente siente una enorme admiración! Vivimos entre secretos, y a menudo cada uno piensa en el otro como lo contrario de cómo el otro se percibe a sí mismo, o cómo el otro teme ser visto. Cuánta ansiedad desperdiciada….

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