¿El miedo te paraliza? Así que lo superas

Todo el mundo conoce el antiguo mito griego de Medusa, el demonio que tenía el poder de petrificar a cualquiera que cruzara su mirada; fue el héroe Perseo, ayudado por Atenea y Hermes, quien le cortó la cabeza, que luego fue dada por el héroe griego a la Diosa que la colocó sobre su escudo. Medusa, por lo tanto, representa en la imaginación común algo o alguien que aterroriza y petrifica, pero también es la que congela las emociones y los sentimientos, hace que la piedra -es decir, fijada de una manera sutil pero duradera- sea un estado emocional y condena a una personalidad a la estasis, a la falta de evolución. En el libro chino de los cambios (Tao Te King), este estado se llama el “Refresco”, del que Medusa es precisamente la guardiana: el miedo que provoca un verdadero bloqueo emocional del que, sin embargo, se puede salir….

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Todo el mundo encuentra al menos un miedo paralizante en la vida

A cualquiera le ha sucedido que a lo largo de la existencia ha conocido a una o más personas que “petrifican” nuestra manera de sentir y de percibir, o que han sufrido una situación que impide la evolución, la adaptación a la realidad, el intercambio emocional fructífero con las personas que encontramos o con las que vivimos. La Medusa es lo que nos detiene en el desarrollo de nuestra personalidad, nos quita la sensibilidad a nuestras respuestas emocionales, congela el impulso y apaga la empatía. En los casos más graves nos acerca a la apatía y la depresión, víctimas aparentemente impotentes de nuestro miedo .

Para luchar contra este miedo se necesita un escudo… ¡imaginario!

¿Cómo se combate a la Medusa? El héroe Perseo mismo da una buena pista y ayuda: para defenderse, la mira reflejada en el escudo muy brillante que le dio Atenea, ¡nunca en sus ojos! Si mirar su cara, de frente a ella, es peligroso y dañino (no puedes enfrentarte a algo que ya nos ha herido y nos ha forzado a la inmovilidad psicológica en pie de igualdad), entonces veamos su reflejo: usemos nuestra imaginación. Ella es nuestro escudo brillante.

Dibujando a Medusa para derrotar al miedo

Tratemos de representar a la persona o la situación que creemos que nos ha “petrificado”, hagamos un dibujo de ella: no necesita ser estéticamente bella, un garabato también está bien, siempre y cuando muestre la escarcha, el miedo, la cólera, la impotencia -a menudo emociones reprimidas- que sentimos en nuestras profundidades cuando nos enfrentamos a “el monstruo”. Debemos recordar que no tenemos que enfrentarnos a nada directamente: ni la fuerza ni la voluntad son necesarias porque no es con un acto consciente y volitivo que podemos superar un miedo , un bloqueo emocional.

Si ves el reflejo, ya estás más allá del miedo

Ver con la imaginación el reflejo de lo que no se puede luchar es el comienzo del movimiento que te sacará del pantano. Y luego, ¿qué hacer con ese diseño? Lo que Perseo hizo con la hoz de diamante que le dio Hermes: la hoja debe ser rasgada, la cabeza de serpiente de la Medusa puede ser cortada. La sangre está fluyendo de nuevo, los miembros están más sueltos, tímidamente vendrá alguna idea, alguna imagen: el hechizo se está desmoronando. Entonces, con calma, puedes decidir -pero la decisión debe surgir espontáneamente como una brizna de hierba desde el suelo- que ya no quieres tener que lidiar con esa situación, con esa persona que nos ha petrificado. En esta fase sólo necesitamos recordar que nuestros recursos internos son mayores y más fuertes de lo que pensamos.

La importancia de la ayuda correcta

Perseo fue ayudado en su empresa por la Diosa Atenea y Hermes, dos Dioses que representan aspectos poderosos de nuestro Ser y que la imaginación puede evocar para derrotar lo que nos ha hecho “piedra” y superar una situación que nos hace temerosos y nos hace indefensos, sin fuerzas. Medusa es un monstruo aterrador, pero antes de convertirse en uno era una mujer normal: después de que Perseo le cortara la cabeza, es decir, su apariencia de terror, Pegaso, el caballo alado y un gigante, salió del cuerpo de Medusa; Así cuenta la mitología, pero se puede decir desde el punto de vista psicológico, que una vez que hemos salido de la inmovilidad gracias también a nuestra imaginación, la vida comienza a fluir de nuevo y podemos volar de nuevo, y que ya en el instante de la conciencia en el que nos damos cuenta de nuestra “petrificación”, nuestra estasis, el germen del movimiento ya está presente, la semilla de la vida que comienza a crecer de nuevo, abriéndose a nuevas posibilidades.

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