El ritual que rompe el estrés

¿Nunca has tenido la oportunidad, en vacaciones, de hacer cosas extrañas, sin sentido, casi pueriles, pero que en ese momento te encantan? Por ejemplo: estás en la tumbona holgazaneando, empiezas a mirar las nubes que cambian de forma allá arriba, aquí parece un portaaviones pero ahora, espera, ¡se está convirtiendo en un elefante! Hay quienes pasan horas en la orilla recogiendo conchas o guijarros para colecciones improvisadas, quienes hacen dibujos en la arena con un palo y luego los borran, quienes observan las olas del mar contando cuánto tiempo pasa entre una y otra. Estas son acciones similares a los mantras (la canción que los budistas repiten sin parar durante sus meditaciones): no los juzgues inútiles, no son tonterías dictadas por el aburrimiento, sino que pertenecen al lenguaje del alma, al inconsciente que sale a la luz . Si te dejas llevar por la magia de estos gestos, entras en una dimensión libre del pensamiento y, por lo tanto, del estrés acumulado: la intimidad a la que llegas contigo mismo es una puerta de entrada a la felicidad. Su mente finalmente puede respirar, libre para disfrutar plenamente de cada momento. Deje que estas sensaciones le invadan sin juzgarlos: volverán a verle cada vez más a menudo y cada vez que encuentre una felicidad inesperada. Nada es tan bueno para la mente y el alma como la dicha de los momentos intemporales: las vacaciones son el momento ideal para redescubrirlos.

Qué sucede en el cerebro

Cuando tu cerebro “vuela” y estás hechizado por los gestos -como los que estamos hablando-, un mantra como aquellos de los que estamos hablando -típico en verano para tumbarse durante horas viendo nubes, recogiendo conchas en la orilla, haciendo dibujos en la arena, etc.-, ciertas áreas del cerebro se activan, que normalmente utilizamos muy poco. Estos gestos crean una química cerebral diferente y activan la producción de beta-endorfinas, encefalina, dopamina y serotonina, sustancias liberadas por el sistema endocrino y consideradas en cierto modo las “moléculas de la felicidad”. Son “gotas” naturales de bienestar capaces de elevar el estado de ánimo y reducir los niveles de cortisol circulante, la hormona del estrés “temible”.

Son los gestos “sin sentido” los que hablan de tu mundo interior

Estos gestos no son aleatorios en absoluto, sino que contienen un significado profundo y simbólico: no sólo saben hechizar la mente, vaciarla y purificarla de sus patrones, sino que también representan la expresión externa de los poderes del inconsciente y del mundo interno. Pensemos, por ejemplo, en aquellos que se pierden mirando las nubes: ninguna es igual a la anterior, y sus continuos e incesantes cambios de forma recuerdan la cambiante sucesión de estados de ánimo, en los que nada permanece y es fijo, porque nada permanece apegado a la mente si no la queremos. Pensemos de nuevo en los dibujos realizados y luego borrados en la arena para trazar otros: son como signos de un pasado que ya no existe, y mientras los borras con un gesto le dices al alma: “Estoy dispuesto a escribir nuevas palabras en el pizarrón de la vida”. Finalmente, el ir y venir de las olas, siempre diferentes y siempre iguales al mismo tiempo, acaricia tus tobillos y te sugiere el paso correcto a dar en la vida.

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