¿El sexo es realmente gratis hoy en día?

Una vez, cuando el sexo fue reprimido, la “lujuria” fue el apasionado intento de superar la miseria. Los sentidos eran exaltados incluso en la represión, la pasión era ardiente y abrumadora. Hoy en día el sexo sólo ha sido aparentemente “liberado”, mientras que en realidad está a merced de un maestro aún más tiránico: la apariencia del cuerpo. Un cuerpo que ya no es una fuente de energía sexual, pasión y exaltación de los sentidos, sino que se experimenta como un “material” que hay que moldear -quizás a través de la cirugía plástica- para que se ajuste a cánones estéticos tan absolutos como inalcanzables. Exactamente lo contrario de ese eros/amor del que Raffaele Morelli habla mucho en el libro: “El sexo es amor” . Cada vez más hoy en día, el eros es una cuestión narcisista, basada en la cantidad de músculos o en el tamaño del pecho, en definitiva, en la observación de la perfección (mortal) del propio ombligo. El eros se expresa a través de la admiración por uno mismo y no por el cuerpo del otro.

La dictadura de la cantidad

Un poco de egoísmo es ciertamente saludable para la pareja, porque sólo si tratamos de satisfacernos, podremos satisfacer a nuestra pareja. Desgraciadamente, hoy hemos ido más lejos y el otro parece que ya no existe! En el sexo no hay más fusión de energía, sino rendimiento, cantidad y exterioridad. El sexo se ha vuelto infeliz porque ya no es espontáneo, natural, libre, sino que es sofocado por los números: “cuántas veces”, “cuánto tiempo”, “cuántas parejas”. Hoy la palabra lujuria parece coincidir más con la palabra “lujo”, que indica una exageración, y con “luxación”, que significa deformación o división. El cuerpo se corta, es una parte que hacemos clic con el ratón, es un encuadre de la cámara web, no hay más plenitud y globalidad, y así la sexualidad se hace pedazos….

¿Sexo libre e infeliz?

Hoy en día, el sexo es infeliz porque es un prisionero del miedo a la confrontación con otro ser humano en el que es posible reflejarse. Una imagen que simboliza una sexualidad feliz podría ser la del arco iris, que parte de la tierra (el cuerpo), se eleva, se colorea con mil sombras, mil emociones y sensaciones y luego regresa a la tierra en un movimiento que une a las dos partes. Pensar en la sexualidad como un “puente de colores”, nos permite pasar de una dimensión egocéntrica y cerrada, a una relación abierta y generosa, donde no sólo damos, sino que “damos” a la pareja. Sólo así, recuperando una dimensión lúdica, alegre y anti-performativa, el sexo puede volver a ser una fuente de auténtica alegría….

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