El sueño ayuda al cuerpo a recordar a sus enemigos

Los antiguos lo sabían bien, la ciencia hoy lo confirma: descansar cuando se tiene una infección ayuda a combatir al enemigo del momento y también servirá para reaccionar más fácilmente cuando patógenos similares nos ataquen en el futuro. Después de todo, sabemos desde hace mucho tiempo que una buena noche de sueño nos permite arreglar mejor nuestros recuerdos. Ahora se ha descubierto que esto se aplica no sólo a los “recuerdos psicológicos” sino también a los inmunológicos, que permiten a nuestro cuerpo defenderse en caso de agresión por virus y bacterias.

El verdadero “valor” de las memorias

A pesar de las diferencias obvias, el sistema nervioso central y el sistema inmunitario tienen una cosa en común: tienen una capacidad limitada para almacenar “datos” en proporción a la información que se acumula diariamente. Probablemente por eso, durante la evolución, los dos distritos del cuerpo han desarrollado estrategias similares para permitir que el ser humano sobreviva: en ambos sistemas, la memoria se codifica primero en un almacenamiento temporal, luego se transfiere a un archivo a largo plazo y finalmente se “reduce” a unos pocos datos esenciales, que pueden ser reutilizados en el futuro incluso en situaciones ligeramente diferentes.

El sueño nos fortalece, la búsqueda lo confirma

Este proceso de consolidación mnemotécnica se ve favorecido por el sueño, probablemente a través de la reducción de la liberación de una hormona llamada cortisol. Esto lo sugieren algunos estudios que han observado, en las noches posteriores a la vacunación, las reacciones inmunitarias en los sujetos tratados. Para ser útil sería especialmente el sueño profundo, lo que se llama “onda lenta”, como explica una reseña publicada recientemente en Trends in Neurosciences por Jan Born y otros estudiosos alemanes de la Universidad de Tubinga.

Un sistema de líneas defensivas nos protege…

Cuando un microorganismo entra en el cuerpo de su huésped a través de la piel, los pulmones o los intestinos, hay una primera línea de defensa que consiste en células de la inmunidad innata más inespecífica. Posteriormente intervienen los linfocitos T, que pueden reconocer cientos de detalles de un microorganismo y comparar esta información con la de la “memoria” para elegir la estrategia de defensa más adecuada para proteger el organismo. Si una segunda infección ocurre después de algún tiempo, el sistema inmunológico ya está entrenado y listo para tomar medidas rápidas para detener al invasor. Para algunas enfermedades (como el sarampión), una sola exposición puede proporcionar protección inmunológica de por vida. La esperanza de Born y sus colegas es que la profundización de los estudios sobre la memoria inmunológica pueda contribuir en el futuro al desarrollo de vacunas eficaces contra enfermedades que aún son refractarias a la inmunización, como el VIH y el paludismo.

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