El valor ya está dentro de ti

Don Abbondio, el espantoso sacerdote manzoniano de las “Promessi Sposi” (las Novias) que encontró a los peligrosos bandidos en su camino, dijo: “Uno tiene valor si no lo tiene, no puede darlo”. Es una verdad aparente que experimentamos todos los días, sobre todo cuando, después de tomar una iniciativa, nos damos por vencidos ante las primeras dificultades, con la certeza de no tener éxito. Al principio hay entusiasmo, quizás incluso mucho, pero luego, al encontrar obstáculos, hay quienes se desaniman y terminan rindiéndose. Algunas personas lo hacen desde la primera dificultad, viendo la señal de un fracaso predecible: “¡Bueno, yo sabía que debía haberlo dejado en paz! Otros se mantienen durante un tiempo, pero luego apelan a los fracasos del pasado como señal de un destino ya escrito: “A mí no me pasa que las cosas van bien. Es inútil seguir adelante”. Y finalmente están los que se dejan impresionar por la desorientación momentánea o la falta temporal de recursos: “No puedo hacerlo. No tengo la fuerza, no soy capaz de hacerlo”. Así es como las historias de amor y amistad, los roles educativos y parentales, los proyectos de vida y creatividad, los caminos profesionales y psicológicos, el perdón de la incisividad, permanecen parciales o terminan mal. En cualquier caso, no se convierten en lo que podrían o deberían ser.

Todo el mundo puede ser valiente en el momento adecuado
Saber vivir bien el desánimo se convierte, pues, hoy más que nunca, en un paso fundamental para afrontar la complejidad de la vida. Tarde o temprano la crisis, la dificultad, lo inesperado se nos presenta en el camino y nos hace preguntas, nos obliga a reelaborar estrategias. Esto sucede especialmente en algunas áreas. Tal vez uno en el trabajo es un panzer indomable y valiente, y luego en la vida amorosa tiembla ante una pequeña crisis. O, por el contrario, tal vez uno es un héroe invulnerable de los sentimientos, y luego cae en la primera crítica de la obra. Cada uno tiene su propio mosaico de coraje y desánimo. Pero donde hay un fácil desánimo, hay que remediarlo, porque de lo contrario la vida se paralizará allí. Es por eso que Don Abbondio de Manzoni estaba equivocado . El valor no es algo preparado, algo preenvasado, sino una opción que, de vez en cuando, debe ser creada y puesta en práctica a la medida de situaciones específicas . En la base de todo, como siempre, debe haber la voluntad de modificar la imagen estándar que tenemos de nosotros mismos y de encontrar la vida en su versatilidad. El coraje no es ir contra el obstáculo, sino observarlo desde un ángulo diferente, y tal vez descubrir un pasaje secreto; a veces se convierte en el detonante de una evolución que, sin él, tal vez nunca habría sido alcanzada .

¿Qué pasa si siempre te dejas caer

– Terminas perdiendo lo que realmente te importa.

– Te toma mucho más tiempo hacer algo.

– Estás bloqueando tu personalidad y no estás evolucionando.

– Te conviertes en una carga para aquellos que siempre deben apoyarte y consolarte.

– No te das cuenta de tus verdaderos recursos.

Hacer cada subida…un descenso

– Aceptar el sentido de desánimo: es esencial aceptar el primer momento de desánimo y desorientación ante una dificultad fuerte. Aceptar no significa quejarse o hacer predicciones pesimistas, sino reconocer objetivamente que hay un problema. Recuerde que desmoralizar no es una realidad, sino sólo un estado mental pasajero.

– Evite analogías con el pasado: no vincule inmediatamente la dificultad presente a ningún fallo pasado, como si undestino ya estuviera escrito. Sólo viviéndolo, por lo tanto, se pueden identificar las características y las causas y así establecer una estrategia de disolución. Y también puedes evaluar si no tistia pidiendo cambiar algo en el tuocammino o en tus modos.

-Cambie su punto de vista: una vez que haya establecido que realmente quiere superar esta dificultad, no se concentre en lo irrevocable y en cómo se siente ahora, sino que trate de abrirse a lo que quiere que suceda, aunque parezca tan lejano.no necesita analizar el problema racionalmente buscando claves de acceso, sino evocar imágenes suyas en la situación en la que tiene que ocurrir. De esta manera se activan recursos más profundos, más intuitivos y creativos que permiten ver las cosas desde otros puntos de vista y notar soluciones invisibles sobre la marcha.

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