Eliminar las coartadas: sólo así se puede renacer.

Cada uno de nosotros, hombres y mujeres, llevamos dentro una naturaleza única e inimitable, un núcleo que siempre ha actuado en silencio, ya en la etapa embrionaria. En la imaginación común, sin embargo, al final de los nueve meses de embarazo venimos al mundo como criaturas vírgenes e indistintas, todas aún por formarse, hojas en blanco cuya historia será moldeada, día a día, por el ambiente de pertenencia y las experiencias en las que incurrimos. De esta manera, sin embargo, se vuelve automático atribuir la causa principal de nuestros problemas a causas externas, a menudo vinculadas a cifras de referencia, en particular a padres y madres. En realidad, el embarazo no termina en el útero sino que continúa cada día apoyado por un principio creativo, por una semilla invisible y poderosa que actúa y evoluciona dentro de nosotros, con nosotros. Una fuerza motriz destinada a crear lo que somos, el centro y el eje de cada proyecto de vida.

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Deje de buscar coartadas y aprenda a escucharse a sí mismo

Cuando estamos enfermos, nos sentimos frustrados en nuestras aspiraciones o atascados, de alguna manera, en una situación determinada, probablemente estamos yendo por el camino equivocado, buscando metas que no nos pertenecen y que el alma, de hecho, no quiere alcanzar. Es por eso que nuestras acciones a menudo son en vano o no tienen éxito. Todo parece complejo, engorroso, y la mente, en respuesta, comienza a formular excusas, explicaciones y coartadas que llevan a perder de vista el corazón del problema. No es culpa de nuestro padre o de su educación excesivamente autoritaria si nos sentimos ineptos o sumisos, ni del carácter aprensivo y sofocante de nuestra madre. Las relaciones experimentadas ciertamente influyen en la actitud y conducta de aquellos que las viven pero no determinan auténticamente el curso de sus vidas. Por el contrario, cuando nos movemos en la dirección de nuestra meta, es decir, la meta que se adhiere plenamente a nuestro principio creativo, todo se vuelve simple, fluido, natural. Las reuniones y ocasiones no son de esperar y las acciones que llevamos a cabo nos dan una sensación inmediata de satisfacción y bienestar. El mecánico es un mecánico y deja de estudiar para convertirse en ingeniero. La bailarina baila tranquilamente sin sentir envidia o deseo por la mujer de carrera. Todo vuelve a fluir, agradablemente, por supuesto, como el agua de un río que fluye en su lecho sin encontrar resistencia.

¿Quieres saber quién eres? Así es como se hace

Si tratamos de cambiar nuestra mirada de lo que creemos que debemos hacer a lo que realmente haríamos, nos daremos cuenta de que hay muchas otras soluciones además de las conocidas: empleos, socios, oportunidades que están esperando ser aprovechadas. En primer lugar, es importante que nos escondamos, como cuando éramos niños, distanciándonos de todo lo que nos es familiar para dar espacio al vacío. Deje a un lado la coartada y las explicaciones racionales, evite confiar en terceras figuras con pensamientos y estados de ánimo. La cura, en este caso, está en la oscuridad y el silencio. La primera es recordar el valor de la oscuridad en la que se ha puesto la propia semilla, la del vientre de la madre; el silencio para silenciar el trabajo estéril e incesante de la mente. Una vez hecho el vacío, trata de preguntarte qué es lo que te da placer, qué es lo que te hace sentir más a gusto. Si no encuentras respuestas en el presente, puedes recurrir a las del pasado. ¿Qué soñabas con convertirte de niño, qué juegos y ocupaciones te atraían más que otros o te daban más placer? Tal vez la respuesta a tus preguntas esté ahí, en algo que has olvidado y que contiene, desde siempre, los aspectos más auténticos de tu persona. Nuestra naturaleza será libre de florecer en toda su plenitud sólo cuando comencemos a aceptarla como lo que es, redescubriendo su ardor, fuerza, belleza, sin ser engañados por falsos deseos, coartadas y expectativas infundadas.

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