Eliminar las crisis si se suprimen las comparaciones

La hierba del vecino se está volviendo más verde. ¿En serio?

Si hay un proverbio que todo el mundo conoce, es ciertamente eso. Es una pena que describa una tendencia equivocada, que es ver siempre la situación de los demás como mejor que la suya. Una tendencia que, siempre que se exprese a partir de un estado de bienestar relativo, no despierta más que una envidia manejable. Pero cuando es aplicado por quienes se encuentran en un momento de crisis existencial, puede crear problemas significativos. Esto es lo que les sucede a aquellos que, habiendo caído en depresión , siguen haciendo obsesivamente una comparación que, como una canción, suena más o menos así: “Los otros son todos más felices y mejores que yo”. Por ejemplo, si la crisis surge de la vida sentimental, la frase se convierte en: “Los demás están todos unidos, sólo yo estoy solo”. Si viene de un trabajo pobre y de resultados económicos: “Yo soy un perdedor, otros tienen éxito en todo lo que hacen”. Si proviene de una serie de síntomas y enfermedades: “Siempre es bueno para los demás, nunca tienen nada. Tengo todo tipo de cosas en marcha.

Compara la cadena con la incomodidad

Todas estas comparaciones representan una forma inmadura de tratar las dificultades de la vida, una regresión real a formas infantiles egocéntricas en las que el mundo está dividido en un “yo” triste, desafortunado, solo e inadecuado, y en “otros” que son felices, afortunados, socialmente insertos y a la altura de la tarea. Son modalidades que conducen a una visión distorsionada de la realidad, tanto propia como ajena, pero sobre todo nos impiden activar nuestros propios recursos curativos o regenerativos que quedan aniquilados por un enfrentamiento abrumador e inapelable, a veces capaces de resistir hasta los tratamientos psicoterapéuticos más adecuados. Hay que entender que detrás de esta actitud se esconde el miedo inconsciente a crecer y a enfrentarse a la vida. La comparación es en realidad una coartada inconsciente para no tomar la situación en sus propias manos: uno prefiere ver todo perfecto en los demás y todo lo malo en sí mismo, en lugar de enfrentarse a la presencia simultánea, en la propia realidad, de aspectos positivos y negativos, de buenos momentos y momentos de crisis. Pero sólo la aceptación de esta alternancia puede hacer vivir las crisis naturales de la vida de una manera que no sea autodestructiva y, de hecho, como una oportunidad para completarse a sí mismos.

Qué hacer: no te consueles pero mira, entenderás cómo salir

– No hables de tus estados de ánimo

Cuando caes en una crisis y te viene naturalmente a ti continuar haciendo comparaciones negativas, antes que nada evita expresárselas a los demás. Esta simple regla le ayudará a su mente a prescindir de ella y a procesar la situación de manera diferente. De hecho, quita a la audiencia, evita consuelos innecesarios y te obliga a lidiar con la realidad.

– Inmediato

Incluso si estás en crisis, o más bien por esta misma razón, es hora de aprender más sobre la realidad de los demás. Preguntar, observar, informar sobre otros que están en crisis y tienen sus problemas. Esto le ayudará a ver las cosas de una manera más objetiva, comenzando con su crisis, la cual puede enfrentar.

– Reforzado

Cuando hayas salido de la depresión y estés bien, no ignores lo que has experimentado: ahora puedes tratar más sanamente aquellos aspectos de ti mismo y de tu vida que te sientas frágil y que juzgues infructuosos cuando te sientas enfermo. Puedes dedicarte tranquilamente a empoderarlos, para que te encuentres más preparado y consciente.

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