En el amor no creo en los cuentos de hadas

Un lector escribe a la redacción de Riza psychosomatica: “Hace veinte años que espero que el hombre que amo deje a su mujer por mí. Ha sido una paciente espera de la mía, confiada a pesar de las pruebas, en la certeza de un final feliz, como en los cuentos de hadas. Ahora, después de perder a mis padres, a los que estaba muy apegada, en pocos meses, me encuentro vacía, con problemas de salud y una ira que me devora por el tiempo desperdiciado. No soy arenosa, no sé cómo tomar mi vida en el pecho: soy dócil, me adapto, tengo una paciencia infinita, siempre trato de mediar mientras espero que los tiempos de los demás se alineen con los míos. ¿Ser así significa un fracaso seguro? Pero si eso es lo que soy, ¿cómo puedo cambiar? Incluso hoy, amargado como estoy, sé que si me prometiera por enésima vez que la dejaría, estaría dispuesto a creerle de nuevo y a esperar de nuevo. Porque entonces mi espera tendría sentido y esta ira cesaría. Por mucho que lo odies, todavía hay una mujer dentro de mí esperando.

Lejos de las ilusiones, el mayor veneno

Hay una expectativa que es parte integral del proceso de la vida; y hay una expectativa que en cambio nos coloca fuera del proceso, en un camino sin salida. Es la diferencia entre una gestación y un embarazo histérico. Las ilusiones juegan un papel decisivo en un sentido u otro: falsificaciones de la realidad, no de la realidad; espejismos, no visiones. La espera, tiempo esencial en el desarrollo y conocimiento de todo, cuando es lugar de ilusiones, se convierte en terreno estéril. En la Odisea, Ulises, por consejo de Circe, se ve obligado por sus compañeros a resistir el canto de las sirenas. Es una canción cautivadora que celebra sus hazañas y alaba sus cualidades, en un crescendo de admiración y adulación ante el que incluso él, un hombre de extraordinaria lucidez e inteligencia, vacila. Esta es el arma mortal de la ilusión: aprovechar nuestra vanidad y…. ¡háblanos de ella! ¡Cuántas mujeres se acunan cada día en la ilusión! Ilusión que es siempre auto-celebración: méritos no reconocidos, dedicación no correspondida, paciencia profusa en todas partes y en todo caso y, como banda sonora de su mantra, la certeza de un final feliz: porque tienes que hacerlo, porque tienes que seguir creyendo, porque estás tan entrenado para creer, que piensas que no puedes hacer otra cosa. Las ilusiones engordan nuestro carácter y matan de hambre nuestra esencia.

¡Deja de decirte eso y vive ya!

No hay tradición que no advierta contra la voracidad de las ilusiones; no hay sabio que no nos impulse a mirar más allá del velo que ponen sobre las cosas. Hasta que un día, quién sabe cómo, el velo se rompe y la realidad se presenta ante ustedes sin descuentos. Por supuesto, el escenario puede aniquilarse: ves desolación, tiempo perdido, un vacío que se congela y una ira devastadora por una vida, la tuya, que ahora ves desperdiciada. Sin embargo, este es precisamente el día de la celebración: porque desde aquí puedes finalmente girar y volver al campo, como eres, suave y dócil quizás, pero ya no disfrazado de Madame Butterfly. Dentro de cada uno hay una mujer que espera sí, pero te espera a ti, no a él. Es su paciencia inteligente la que merece el premio. Y su premio eres tú, libre de las sirenas y regresado a la vida real, que sabrás cómo germinar y florecer a través de ti en una forma única, tu forma real. El único final feliz es éste, sea como sea. Y en caso de que usted también prevea a su “él”, no será decisivo si deja o no a su esposa.

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