En el amor no te des por vencido contigo mismo

“Soy Laura, una mujer de 35 años, con mucha imaginación y un fuerte sentido creativo, pero salen cuando me interesa un hombre. Cada vez que me enamoro, pongo toda mi energía en la nueva relación y el resto pierde importancia. Cuando el interés en él termina, empiezo a trabajar de nuevo. Estos altibajos cíclicos me han llevado a vivir mal ambas situaciones: la inconsistencia en el trabajo no me hace lograr los resultados que me gustaría y poner al hombre en el centro de mi vida termina por esclavizarme a él y hacerme perder la atracción por sus ojos. Además, cuando estoy en pareja tomo varias libras que pierdo sin dietas cuando vuelvo solo. Mi último compañero, un colega del estudio donde trabajo, me dejó diciendo que se había enamorado de mí porque yo era un volcán de ideas y luego me convertí en cualquier mujer, incluso con sobrepeso, preocupada por la camisa planchada y por qué cocinar para la cena. Y eso es cierto. ¿Por qué enamorarse de mí me enferma? ¿No debería ser al revés?”

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Cumplir con los clichés te hace trivial

Hay muchas mujeres que, para mantener un vínculo, sacrifican sus propias necesidades y deseos: una elección destinada a ser una perdedora. Una de las coartadas más comunes es la dificultad de conciliar los diferentes niveles de la propia existencia, hasta el punto de que uno se ve obligado a adaptarse a su pareja y a sus necesidades. Cuando el enamoramiento activa la dependencia de modelos tradicionales que hacen que uno se sienta obligado a poner a la pareja a la cabeza de sus preocupaciones , como si fuera la única manera posible, en lugar de brillar y estar lleno de vida, uno muere, engorda, pierde su unicidad. Una consecuencia aún peor si haces un trabajo creativo, donde necesitas cierta libertad mental, como en el caso de Laura. Pero, ¿quién dicta estas obligaciones y estos modelos? Ningún hombre se enamora de su mujer porque no encuentra sus camisas planchadas o la cena lista… es ella, cuando cae en esta trampa, quien considera estos servicios como una prioridad.

Sea único: cultive su creatividad

Si soñar despierto es suficiente para fantasear, usar tu imaginación para crear algo te lleva a transformar la realidad que vives. La libertad de la mente pide poder traducirse en la libertad de jugar, de moverse en la vida, de sostener y sostener el propio vuelo, incluso en la relación con un hombre. Sólo así la energía de la creación y la energía del amor pueden encontrar puntos de encuentro y convivencia, en lugar de hacer la guerra o, como le sucede a Laura, conducir cíclicamente a la exclusión de uno a favor del otro. Lo que hay que hacer es restablecer el contacto con nosotros mismos, comprender lo que realmente queremos, aprender a decirnos a nosotros mismos para poder comunicarlo a los demás. No pienses que complacer a tu pareja en todo, renunciar a ti mismo, es la mejor manera de mantenerlo cerca: tarde o temprano te sorprenderás porque la belleza de la relación es el intercambio y la diferencia. Recupera la imaginación en la vida y deja que se mezcle con tu vida, que coloree tu feminidad, que forme tu cuerpo, sin temor y sin clichés que hayan hecho su tiempo. Nuestro destino no es convertirnos en una “mujer ordinaria”: ¡ay de olvidarla!

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