Entusiasmo, la primera droga

Si las drogas psicotrópicas son la categoría de drogas más vendida en el mundo, no es sólo porque la angustia psíquica es una realidad generalizada, sino también por una forma unilateral de tratarla. No cabe duda de que un porcentaje significativo de su uso está relacionado con situaciones de angustia mental que podrían resolverse de forma diferente, más sana y más consciente. Psicoterapia Muestra que muchos trastornos de ansiedad (incluyendo ataques de pánico y fobias), formas de depresión moderada, muchos trastornos del sueño, pueden ser curados por una “sustancia” que nuestro cerebro, bajo las condiciones adecuadas, puede producir por sí solo, sin la necesidad de productos químicos adicionales: entusiasmo .

Con la dosis mínima diaria no se está enfermo Es una experiencia que todos conocemos, tanto que, cuando la vivimos, decimos: “Siento de Dios. Pero a menudo lo descuidamos en nombre de los deberes, la moral, los miedos y muchos otros factores. Y esta es la base para la aparición de muchos trastornos que acabamos curando con fármacos psicotrópicos. Sí, podemos decir que cuando la “parte del entusiasmo” en nuestras vidas cae por debajo de un determinado umbral (o incluso desaparece), la ansiedad y la depresión invaden el campo, demostrando así que los trastornos psíquicos no sólo tienen una base genética-constitucional, sino que a menudo representan el resultado de un sistema psíquico-mental-cuerpo que ha perdido la fuente de su vitalidad.

Busca y cultiva tu entusiasmo Intentar entusiasmarte no es sólo una experiencia psíquica, sino también biológica: el cerebro y el sistema nervioso en esos momentos tienen un funcionamiento electroquímico diferente, lo que mejora y armoniza la acción de los sistemas inmunológico y endocrino. Es importante proteger el entusiasmo para prevenir la caída en estados de malestar y es importante ir a buscarlo en el momento en que lo hemos perdido y nos encontramos en el sufrimiento. Esto es algo sagrado, una “sustancia” preciosa que debe tener su lugar en la vida cotidiana: debemos defenderla de las fuerzas centrífugas de la rutina, que siempre tienen un efecto perjudicial. Y hay que cultivarla: no sólo vivir del entusiasmo que viene de la casualidad, sino mantener la curiosidad de saber siempre cosas nuevas que puedan despertar nuestra pasión. Encontrarlo cuando estás enfermo sigue siendo posible. Por supuesto, cuando estás en un estado de retiro, melancolía o postración parece complicado, pero no debes dejarte influenciar por el pesimismo.

Así es como funciona el medicamento más poderoso:

Reduce significativamente la ocurrencia de varios tipos de trastornos y enfermedades.

– Mantiene alto el tono energético y la reactividad del cuerpo.

– Mejora la calidad del sueño, relativiza muchos problemas.

– Hace que incluso las cosas muy difíciles parezcan posibles y da el ímpetu para hacerlas.

Comience con acciones pequeñas, como esta

-¿Qué te hace sentir bien? No pienses que para tener entusiasmo debería ser necesario correr detrás de quién sabe qué metas. Puede nacer en muchos momentos de la vida cotidiana. Lo que lo crea no es el prestigio o la grandeza de una acción, sino todo aquello que, de alguna manera, te hace sentir vivo, útil o parte de algo que te gusta. A menudo son las cosas pequeñas (pero realmente fundamentales) de la vida cotidiana.

– No a demasiados sacrificios. No juegues el papel de alguien que se hace cargo de los problemas de los demás, porque bajo este peso tu entusiasmo corre el riesgo de apagarse. Y en la medida de lo posible, evita a las personas que te hacen sentir mal y pasa más tiempo con las que te hacen sentir bien. Los estados de ánimo son contagiosos……

– En el silencio puedes crecer. Es esencial ser capaz de mostrar tu entusiasmo, pero también es bueno que te quedes con una pequeña parte para ti mismo, sin compartirla inmediatamente (por ejemplo, tirándola a las redes sociales). Tener un entusiasmo secreto, que no puede ser objeto de admiración, envidia o conversación, proporciona una gran fuerza mental y estabiliza el equilibrio psíquico.

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