Eros y perfeccionismo, una pareja de perdedores

Manuel escribe a la redacción de Riza Psicosomática, por un problema íntimo relacionado con su matrimonio. “Desde hace algún tiempo nuestra pareja está en crisis y pronto se dice la razón: mi esposa es una super perfeccionista, en todos los aspectos de la vida. Desgraciadamente, incluso en su intimidad, nunca se deja llevar completamente por sus emociones y, en consecuencia, no puede ser espontánea. Para ella todo debe ir siempre de una cierta manera y me siento constantemente desafiada en mi virilidad. Trato de estar a la altura de sus expectativas pero estoy perdiendo el deseo de hacer el amor y esto me preocupa mucho, nunca me pasó….”.

El perfeccionismo bloquea el placer

El perfeccionismo es una trampa peligrosa que desgasta la vida de los que lo padecen, pero también tiene un profundo impacto en las personas que asisten a los perfeccionistas. Esta actitud también afecta negativamente a la vida íntima de la pareja porque, en la relación de dos, la perfección también es exigida por la pareja. Esto es lo que le sucede a nuestro lector, que se siente juzgado y corre el riesgo de ser víctima de una forma particular de ansiedad escénica. Si es necesario ser siempre perfecto, tarde o temprano se derrumba y de hecho Manuel siente el deseo de caer significativamente. Es una reacción natural y saludable: su cuerpo se niega a experimentar el erotismo como si fuera una tarea en la que sobresalir y el impulso sólo puede desvanecerse.

Lejos de los modelos: Eros es instinto, no razón!

En primer lugar, Manuel tiene que poner un alto a los diktats de actuación de su mujer : no es casualidad que el problema pase. Cuanto más intente estar a la altura de las circunstancias, más se evaporará su poder erótico. Hacer esto significa exponer abiertamente el problema y sobre todo sacar a relucir sus profundas emociones: si Manuel quiere ayudar a su mujer a deshacerse del modelo de mujer perfecta (y por lo tanto de hombre perfecto) que ella tiene en mente, primero debe partir de sí mismo, de sus propias imperfecciones, de sus temores, de su falta de vigilancia, sin miedo a las consecuencias. Una vez hecho esto, es necesario abrir una serena reflexión sobre el hecho de que todos los estímulos externos (televisión, internet, revistas, libros, amigos, etc.) que nos bombardean sobre “cómo debemos ser” sólo son dañinos, especialmente para el sexo: ¡no puede haber un manual universal a seguir para lo más íntimo del mundo!

No al perfeccionismo, sí a la unicidad

Desde el punto de vista psicológico, las causas del perfeccionismo patológico surgen de una supuesta necesidad de controlar la vida y las emociones: por esta razón, su impacto en la vida erótica puede ser devastador aún más que en otras áreas de la existencia. El control es antitético al placer y apaga la magia del encuentro, convirtiendo a Eros en una competición en la que ganar es imposible. Invitar a su pareja a contemplar todos estos aspectos es lo único que Manuel puede hacer: no es su sexólogo, y mucho menos su psicoterapeuta, y por lo tanto no hay ningún método que pueda hacerla aprender a resolver el problema. Si es firme en decir lo suficiente al eros perfeccionista, también se verá “obligada” a cuestionar sus propios modelos mentales y se dará cuenta de que los aspectos lúdicos, instintivos y espontáneos del Eros son los únicos que “garantizan” su funcionamiento.

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