Escucha lo que dices. ¿Eres tú?

La buena comunicación involucra….todo el cuerpo!
Generalmente se dice que aquellos que usan bien la comunicación pueden hablar al vientre y al corazón y no sólo a la cabeza de los demás. Y es verdad: para ello, no sólo se basa en la validez de sus propios argumentos, sino que, a través de un uso sabio de los aspectos no verbales del habla, sabe cómo tocar las cuerdas más sensibles y profundas de los individuos. ¿Cómo? Utiliza pausas, ritmo, entonación para obtener el efecto deseado. Porque la comunicación no se trata sólo de intercambiar conceptos, sino de “sentir” cerca unos de otros gracias a este intercambio.

Errores: Esquemas preempaquetados igual a falta de comunicación

Todos nosotros, de hecho, utilizamos un lenguaje no verbal, pero generalmente lo hacemos siguiendo un patrón fijo que no es el más apropiado en este momento, con resultados a menudo mediocres. Por ejemplo, siempre usamos un estilo ceremonial y educado, con una entonación de canto incluso cuando estamos en medio de una pelea con nuestra pareja, con el resultado de exasperarla definitivamente. O adoptamos un “camino rápido y eficaz” de frases cortas, pocas pausas y poco tiempo para el interlocutor, convencido de que parece concreto y fiable, justo cuando estamos discutiendo un asunto delicado con alguien que tiene dificultad para expresarse, inhibiéndolo por completo. O, de nuevo, hablamos con una voz “infantil” y el habitual tono “sumiso” mientras estamos en una entrevista de trabajo, logrando molestar al examinador y darnos una idea completamente engañosa.

El secreto de la buena comunicación

“Estar presente” en la comunicación significa en cambio modularla continuamente, bajarla en el momento y saber interpretar las necesidades de una manera fluida. Nos damos cuenta de esto porque cada uno tiene momentos de diálogo con sus hijos, de intimidad con su pareja, o tal vez conversaciones en conversaciones con extraños, en las que nos sorprende hablar en un tono completamente diferente al habitual, mucho más casual y apropiado en ese momento. En esos momentos nos sentimos cómodos y nos sentimos muy bien! Si nos dejamos guiar por las emociones del momento y por la manera en que resuenan en nosotros, será posible encontrar un acuerdo con nuestra interioridad y las “palabras correctas” fluirán más fácilmente.

Cómo mejorar la comunicación

El secreto es escucharnos a nosotros mismos: observándonos durante las conversaciones normales, nos damos cuenta de los patrones que ponemos en marcha de vez en cuando y nos resulta más fácil “suspenderlos” cuando nos parecen inadecuados o contraproducentes.

– Escúchate a ti mismo en tu comunicación diaria , pero presta atención no al contenido de lo que estás diciendo, sino a los aspectos no verbales y en particular a: pausas, silencios, ritmo, entonación. Aquí hay algunos ejemplos.

– ¿Utilizas siempre un ritmo frenético al hablar, como si tuviera el terror de momentos de silencio en los que “nadie sabe qué decir”? Probablemente el vacío y la pasividad te asustan, más aún si temes que tu interlocutor pueda meterse en ese vacío.

– ¿Empieza a hablar y luego se apaga regularmente con pausas interminables y susurros imperceptibles? Estás enmascarando un aburrimiento y desinterés que pronto será capturado por lo que es.

– ¿Hablas en un tono monocorde, siempre triste, o siempre alegre, o siempre “demasiado” amable, cualquiera que sea la ocasión? Puedes aparecer como alguien que recita o que de otra manera está ausente de la relación “verdadera” del momento.

Todos estos modos de comunicación erróneos pueden ser eliminados. La observación nos permite “notar” el automatismo en el que caímos y es el paso esencial para experimentar con modos de comunicación más libres y espontáneos .

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