Esfuerzos innecesarios: eliminarlos y decir adiós al pánico

“La otra noche tuve un sueño: estoy en una fábrica de vidrio y de repente desde la carretera veo un jabalí galopando. Estoy aterrorizado, creo que lo destruirá todo, me gustaría detenerlo, bloquearlo, pero me quedo quieto. El animal entra y comienza a moverse, camina por la tienda y no rompe nada. Me desperté con una sensación de asombro y estuve pensando en ello todo el día.

El jabalí con el que Marika soñaba era grande y grande y tendría que romper, pero no, parecía saber exactamente qué hacer. En la vida de Marika, en la psicoterapia para ataques de pánico frecuentes , ocurre lo contrario.

“Los cristales se parecen a mi vida, a todos mis deberes y obligaciones que siento en mí. En un trabajo que odio, pero que en tiempos como estos no puedo dejar, ¡estaría loco! No puedo y no quiero romper nada, pero el pánico tira todo por la borda. Y luego está este tobillo: ha sido un año que a veces se hincha y me obliga a parar durante días. Siempre tengo miedo de destrozarlo todo. Pero tengo que aguantar, no tengo que rendirme, no puedo permitirme enfermarme.

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Si puede colapsar, el pánico desaparece

Si me dejo llevar, si dejo emerger lo que siento en mi interior, todo se derrumbará: esta es la convicción equivocada que anima a Marika. Cuando vivimos así, el alma, que siempre trata de reequilibrarnos, envía las molestias sólo para hacernos colapsar. Cuanto más fuerte te aferras, más arriesgas el colapso: es la sensación de pánico. Y si dices “Me rompo pero no me doblo”, las articulaciones empiezan a chirriar.

La alternativa sería convertirse en una marioneta guiada por el dictado y los deberes, y eso sería una perspectiva de “pánico”. El mundo interior le ha mostrado a Marika el camino correcto. “En el sueño – sugiere el psicoterapeuta – las cosas van de otra manera: el jabalí no rompe nada, aunque espere lo contrario”

.

El alma siempre sabe lo que hace por nosotros

“Sí, fue realmente surrealista. Sabía cómo hacerlo y adónde ir”, dice Marika. “¿Y adónde te gustaría ir, si fuera como el jabalí?”, le dice el terapeuta. “Me iría a vivir fuera de la ciudad, a menudo pienso en ello. Me gustaría tomar un pequeño apartamento, también lo he visto, está dentro de una vieja granja. A su alrededor hay prados y bosques. Me imagino allí, pero no es posible, nadie lo entendería, me dirían que estoy loco, que son ideas de adolescente inmaduro”.

La imagen del jabalí es una invitación a traer algunos de esos sueños secretos y deseos a su vida. Después de este sueño Marika comienza a dedicarse a algunas cosas que nunca se había concedido y descubre que después de todo no pasa nada tan terrible. Comienza a cultivar plantas en el balcón y a pasar los fines de semana al aire libre. Son tímidos intentos de sacar a la luz una parte natural de él a la que tanto teme y a la que siempre se ha resistido. Pero es precisamente dejando que ese “huésped oscuro” entre en su vida que aprende lentamente a liberar la energía comprimida que antes sólo podía explotar en los ataques de pánico .

El mensaje secreto del pánico

Panic es un mensaje que dice: deja de resistirte, colapsa también, deja fluir el río de emociones e instintos. Hay ejercicios que pueden ayudar: al experimentar la sensación de músculos relajados aprendemos a recuperar la capacidad de no oponernos y dejarlos ir. Las imágenes en cambio nos permiten contactar con las partes instintivas que creemos que son oscuras y peligrosas, pero que en realidad sólo piden dialogar con nosotros para expandir nuestros límites.

Cambia entre estiramiento y encogimiento

Acuéstese en un lugar tranquilo donde sepa que no le molestarán. Llama la atención sobre tu respiración y tu cuerpo. En este punto, trate de contraer sus músculos, uno por uno, comenzando desde los pies hasta la nuca, como si fuera a estirarlos: sostenga la contracción durante unos segundos y luego suéltelos, de repente, abandonándolos por completo. Quédate quieto, unos segundos sin hacer nada. Continúe la operación escuchando la diferencia entre el tiempo de contracción y el tiempo de relajación. De esta manera, entrenas tu cerebro para que permanezca en paz y sientas cuando es el momento de rendirte.

Hacer las paces con el invitado oscuro y renacentista

Identifique un animal o un personaje de un cuento de hadas que despierte temor y miedo, tome un pedazo de papel y comience a imaginarse hablando con él. Hágale algunas preguntas e imagínese lo que podría decirle a usted: ¿qué quiere de usted? ¿Qué más podría traer con él aparte del miedo? ¿Qué necesitaría para sentirse más cómodo? Repite este ejercicio varias veces: tu objetivo es reconciliarte con este invitado y darle un espacio. Tu instinto se esconde detrás de él y sólo conociéndolo podrás liberarlo y dejar de temerle.

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