Gana el miedo de hacerlo todo mal

Sonia, lectora de Riza Psicosomática, nos escribe: “No puedo confiar en mí misma en los momentos más difíciles de mi vida cotidiana: me exagero por nada y cuestiono todo, pero a menudo la gente me aprecia por mi dulzura y por la determinación que a veces puedo mostrar”.

El miedo viene cuando te juzgas a ti mismo

Para responder al correo electrónico de Sonia, probemos un experimento: eliminemos los adjetivos. Dentro de mí no hay lados buenos o malos, hermosos o feos; tampoco hay cosas que cambiar o mejorar. Aprender a estar contigo mismo significa percibir lo que viene cuando llega, incluso las molestias: “Ahora siento incertidumbre, me concentro en ella, la miro, percibo bien que hay. Ahora, no siempre. Ningún estado de ánimo existe o dura para siempre. Eliminar los adjetivos y comentarios a los propios estados internos, dejar de evaluarse a sí mismo, significa aprender a no detenerse en las críticas, las apreciaciones, pero ni siquiera en los cumplidos de los demás . Las molestias del alma nacen de las opiniones que tenemos sobre nosotros mismos y sobre las situaciones en las que vivimos. “Los hombres están agitados y perturbados – escribe el filósofo griego Epicteto – no por las cosas, sino por las opiniones que tienen sobre las cosas”.

¿Y si la incertidumbre es un aliado?

El correo electrónico de Sonia continúa diciendo: “¿Por qué no puedo capturar los lados más hermosos de mí? ¿Por qué siempre tengo miedo de cometer errores? ¿Por qué siempre me siento un paso por debajo de la gente que respeto y admiro? Estas inseguridades no me hacen una persona serena. Dentro de ti hay una inteligencia que te está creando, ahora, tal como eres y esta inteligencia sabe lo que es bueno para ti y lo que no lo es. Tú eres el que se confunde cuando buscas los “lados hermosos”. Quizás la pregunta que hay que hacerse es la siguiente: ¿qué quiere de mí la “inteligencia de la semilla”, el alma, cuando me hace sentir inseguro? Sobre todo, la idea de la perfección nos enferma. El miedo a estar “un paso por debajo de la gente que amamos” oculta nuestro deseo de estar siempre un paso por encima, de estar a la altura de la tarea, en definitiva, de ser especiales, perfectos. Pero “la inteligencia de la semilla” ya está haciendo al ser que eres: no te das cuenta porque quieres ser ese personaje que has puesto en mente, sin manchas, sin fragilidad, perfecto precisamente. Así que, en vez de mirar las incertidumbres cuando llegan, en vez de percibirlas, las juzgas y llegas a la conclusión: “¡Si estoy indeciso, nunca podré ser una persona serena! Nada podría estar más mal.

Qué hacer

La incertidumbre quiere curarte

Todos tenemos un modelo de perfección en la cabeza que siempre quiere que seamos seguros, serenos, inteligentes, decisivos, equilibrados, capaces de decir cosas únicas y llenos de cualidades “positivas”. ¡Pero nadie está hecho así! Cuanto más tratamos de asemejarnos a ese modelo, más cultivamos la desestima . Y cuanto más el alma, la inteligencia profunda que nos habita, envía la incertidumbre a nuestros días. No lo hace para hacernos sentir mal, sino para curarnos, para hacernos abandonar esa idea tonta de perfección y seguridad a toda costa que es la primera causa de nuestra confusión mental, de la lucha continua contra nosotros mismos, en el intento absurdo de corregirnos y no ser quienes somos. El problema no es la incertidumbre: es la idea de perfección, es la enfermedad que el alma intenta combatir.

El instinto lo sabe, no tú

Nadie sabe realmente lo que quiere o adónde va: nos engañamos a nosotros mismos de que lo hacemos, pero no lo sabemos. Es cierto que tomamos muchas decisiones, pero casi todas son pequeñas: decidimos cómo desayunar, si ir o no al gimnasio o con quién salir el sábado por la noche. No es ahí donde el pivote de nuestra vida. Y entre las grandes decisiones, las mejores, si nos fijamos bien, fueron tomadas “por impulso”, sin pensar en ello. Como si “alguien” hubiera decidido por nosotros. Y así es…

La respuesta correcta se forma en la espera

¿Cómo sabes lo que quieres? ¿Elegir qué camino tomar? Deteniéndote para decirte a dónde tienes que ir, cómo tienes que estar, y no forzándote a tomar decisiones: es el instinto, el alma la que tiene que decidir, no tú. Y el alma teme a los pensamientos y al razonamiento más que a cualquier otra cosa. La sabiduría jasídica lo dice claramente: nuestra alma, si somos observadores atentos, nos dirigirá momento a momento hacia nuestra realización. Todos deben preguntarse todos los días, cuando se despierten, “¿Qué es lo que quiero? Y luego no te des ninguna respuesta. El secreto está en no responderse a sí mismo y decir: “Lo espero con impaciencia”. Tomando nota de que no somos nosotros los que decidimos y escuchamos al alma: esto nos convierte en hombres y mujeres verdaderamente responsables.

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