¡Hablemos con la gente que se ha ido!

Hoy les contamos la historia de Chiara, que decide ir a psicoterapia cuando se da cuenta de que no puede liberarse de una incomodidad que la atormenta: vive en la angustia de morir repentinamente de una enfermedad estomacal, de la misma manera que murió repentinamente su padre meses antes por una hemorragia gástrica. Chiara está obsesionada con este pensamiento y su vida se ha convertido en una carrera hacia el mejor especialista para encontrar una solución a su malestar. En psicoterapia habla de sí misma y de su padre y de la relación que se había creado entre ellos: en el último período estuvo muy conflictiva y llena de malentendidos. Sólo en las últimas sesiones Chiara dice que ya no se siente perseguida por su padre y que él ciertamente no la hace responsable de su propia muerte. Se trataba de “darse un respiro” y establecer una relación de confianza con un gastroenterólogo.

Mente y cuerpo sufren juntos El diálogo con los muertos tiene fuertes prejuicios en sí mismo que dependen de la cultura y tradición de cada pueblo. Por lo tanto, es un tema que debe tratarse con extrema delicadeza. A menudo ocurre que cuando un ser querido muere, generalmente uno de los padres, los síntomas surgen en un órgano, en particular en el que enfermó al difunto . Aquí, la ausencia de afecto y diálogo que la muerte ha interrumpido se convierte en materia para el cuerpo de los que han sido abandonados, obligando a los que permanecen vivos a vivir en el pasado. En estos casos, la medicina logra hacer poco para aliviar el sufrimiento y la incomodidad que la persona encuentra.

Reconciliémonos con las palabras Los ingredientes principales que causan un estado de sufrimiento y malestar consigo mismo y con los demás son dos: el pasado que no es modificable y un diálogo que no vuelve. Y es precisamente en la psicoterapia, hecha de palabras que curan a las palabras, donde se puede encontrar el espacio para reanudar el diálogo interrumpido entre paciente y muerto, reconociendo su gran importancia. Tan pronto como esto sucede, las cuentas pendientes son saldadas, el pasado da paso al diálogo del presente y a la esperanza del futuro en el que la ira y el dolor dejan espacio para el amor y la conciliación. La psicoterapia nos hace conscientes de que la enfermedad que nos aflige sólo necesita reanudar un diálogo que está pendiente, dejando atrás arrepentimientos angustiosos y sentimientos de culpa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *