Hay un lado inusual en todos ellos.

Desde la infancia estamos acostumbrados a juzgarnos a nosotros mismos y al mundo dividiendo todo en lo correcto y lo incorrecto, lo bello y lo feo, lo normal y lo anormal. La misma “regla” se aplica a las llamadas enfermedades o trastornos mentales, pero también a ciertos aspectos de nuestro carácter que estamos convencidos de que es mejor mantener ocultos. Es un esquema que nos perjudica, porque nos empuja a considerar positivo y “ser valorado” sólo lo que es “normal” en nosotros, lo que a menudo significa estereotipar los mitos masivos de la época en la que vivimos. Al comportarnos de esta manera, no nos volvemos mejores, sino sólo conformes, estandarizados, iguales a todos los demás. Dicho en términos “brutales” pero efectivos: no existimos.

Lejos de los patrones que te devuelven a tu vida

De esta manera, a menudo nace el sufrimiento psicológico, porque comportarse de esta manera significa renunciar a una parte importante de nosotros, la más original, la que realmente nos hace vivir. Entonces, ¿qué hacer? Un ejercicio muy sencillo: pensamos en nosotros mismos, en nuestro comportamiento como en nuestros pensamientos y tratamos de distinguir entre lo que es común y lo que es fuera de lo común. Tenemos que cambiar el punto de vista habitual y pensar que todo lo que es “poco común” en nosotros es lo que tiene el mayor valor y no lo contrario. Sólo en esas actitudes, en esas formas de pensar somos realmente originales, somos realmente nosotros, es decir, en todas las partes que no se parecen, no chocan, no se adaptan…. Nuestro lado “poco común” es el que nos estimula, nos guía, nos empuja en la dirección correcta o nos detiene del equivocado. A veces sigue siendo una parte difícil, pero si lo dejamos madurar. Si, por el contrario, no lo valoramos, nos encontraremos despojados de nuestra verdadera biografía: siempre recordamos que dentro de cada uno de nosotros hay un demonio salvífico y que nuestra autenticidad reside en “él”.

¿Qué puede hacer

– Despierta tus lados enterrados
Piense en su infancia y trate de recordar todos esos comportamientos o actitudes que otros le han impulsado a corregir. Tal vez tenías un temperamento solitario y contemplativo y te empujaban a vincularte más con los demás; o eras un poco prepotente y forzado a mostrar humildad; o eras un soñador y te reprochaban que te volvieras más práctico. Intenta buscar dentro de ti mismo esos lados “anómalos”, poco comunes, sólo los tuyos, y haz que vuelvan a la vida.

– Lejos de las ilusiones
Muchos de nosotros tenemos un sueño en nuestros cajones, aunque sea inalcanzable, que usamos como fuente de consuelo momentáneo. Abre ese cajón y observa el sueño: si es el mismo que el de los demás, si te empuja a ser como los demás (afirmado como…. rico como… hermoso como…) sabe que te está haciendo muy mal. Tíralo: adaptarse a un modelo preenvasado contaminará tu cerebro.

– Nuevas palabras cada día
Hay que perderse siguiendo las cosas “poco comunes” que tenemos dentro: así es como te encuentras a ti mismo. Observa tu día y trata de aislar los comportamientos estándar y aumentar los originales: ¿qué estás diciendo, lo estás diciendo por primera vez? ¿Y qué estás haciendo? Si se trata de “las acciones habituales”, estás ausente. Recuerda, sólo estás vivo si no eres común.

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