Hikikomori: el síndrome de retirada del mundo

Desde hace algún tiempo estamos asistiendo a un fenómeno bastante inquietante y cada vez más frecuente: el llamado síndrome de Hikikomori. Este término es de origen japonés y significa “retirada” o “aislamiento”; fue acuñado a mediados de los años 80 por el psiquiatra japonés Tamaki Saito cuando se dio cuenta de que un número creciente de jóvenes le presentaban el mismo cuadro sintomático: apatía escolar, aislamiento social, letargo e incomunicación. Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido como un reguero de pólvora, alcanzando hoy entre 500 mil y un millón de personas en Japón. Incluso en el resto del mundo está aumentando rápidamente: en Italia se calcula que hay unos 100.000 casos, pero todavía no hay datos oficiales. Aunque no se diagnostica como tal, es posible hablar de hikikomori como una forma de depresión existencial .

LEA TAMBIÉN Miedo a crecer: Así es como se gana el síndrome de Peter Pan

¿Quiénes son los Hikikomori?

Los Hikikomori son en su mayoría adolescentes y adultos jóvenes que gradualmente se excluyen del mundo y se refugian en su propia habitación, de la que pueden, en los casos más graves, no salir durante años. Esto los lleva a perder cualquier tipo de relación social, a interrumpir sus estudios y a no poder tener una ocupación, por lo que dependen de sus padres para su sustento, con quienes la relación es a menudo conflictiva. La llegada de Internet ha facilitado, por una parte, la difusión del fenómeno y, por otra, ha favorecido su cronicidad: la virtualidad permite construir y vivir la propia realidad protegida sin necesidad de aventurarse en el mundo real. Los niños pasan la mayor parte de su tiempo, especialmente por la noche, entre teléfonos inteligentes, ordenadores, videojuegos y salas de chat, encerrados en una carcasa cada vez más impenetrable.

¿Por qué sucede esto?

El fenómeno está aún en estudio y, por lo tanto, es difícil establecer con certeza qué lo causó. Entre los factores facilitadores, muchos expertos señalan la fuerte competitividad de la sociedad contemporánea, en particular de la sociedad japonesa, que hace que los jóvenes tengan grandes expectativas de éxito y de realización personal. La extrema retirada de los hikikomori de la soledad misma podría representar simbólicamente una especie de rebelión, un rechazo de este modelo social, que se siente hostil al individuo y por lo tanto opuesto a la plena expresión de sí mismo: no es casualidad que muy a menudo los hikikomori sean personas inteligentes con una fuerte creatividad.

El hecho de que el trastorno aparezca entonces principalmente en la adolescencia se refiere a la complejidad de esta fase de la vida, sujeta a profundos cambios físicos y psicológicos. En esta fase de la vida, incluso la experiencia de la intimidación dentro del grupo de compañeros, puede empujar a algunos muy jóvenes a huir de un peligroso “rebaño”, a las paredes protectoras de su habitación. La predisposición psicológica no debe ser descuidada: los potenciales Hikikomori son, con toda la evidencia, niños naturalmente conducidos a la introversión e introspección.

La casa, símbolo del yo

Cualquiera que sea la combinación de factores personales y ambientales, también se debe reflexionar sobre el significado simbólico que puede representar el retiro de Hikikomori. Un cierre temporal ante las dificultades no sería en sí mismo un hecho negativo. Mover la mirada desde el exterior hacia el interior, concentrarse en las propias emociones y experiencias, puede convertirse en una herramienta útil para aprovechar los recursos innatos presentes en cada uno, resolver las dificultades de una manera profunda y luego evolucionar. El retiro en la casa, o más bien en la habitación, representa el retiro del Ser en las capas profundas del inconsciente, para activar las dinámicas transformadoras y evolutivas.

Por eso, el fenómeno Hikikikomori aparece sobre todo en la adolescencia: la edad de transición entre dos mundos, el infantil y el adulto, y el aislamiento social del adolescente, es un fenómeno que siempre ha existido, aunque en menor medida preocupante. El problema surge precisamente en el momento en que el proceso parece interrumpirse: la contracción no va seguida de relajación y, por el contrario, se alimenta de un círculo vicioso, favorecido por la tecnología actual que, imitando la realidad, cronifica y perpetúa la retirada. El mundo virtual se sustituye progresivamente por el mundo real.

Sobre todo, la prevención es necesaria

Dado que el hikomori tiende a ser crónico, es muy importante tratar de interceptarlo en una etapa temprana, es decir, cuando uno comienza a vislumbrar síntomas frecuentes como el aislamiento del niño, el desinterés en la escuela y las actividades extracurriculares, la ausencia de relaciones con sus compañeros. Desde los primeros síntomas, es útil consultar a un psicoterapeuta que pueda evaluar la situación con competencia y, si es necesario, intervenir.

La difusión cada vez mayor del fenómeno fue causada precisamente por su subestimación: en Japón, los padres tendían a no hablar de él (el tema de la vergüenza y el deshonor está fuertemente arraigado en esta cultura), a la espera de que se resuelva por sí mismo. Incluso hoy en día, el riesgo puede ser minimizar el problema atribuyéndolo a la omnipresencia total de las nuevas tecnologías, que cada vez más traen el mundo a su hogar. Las campañas de sensibilización e información serían más necesarias que nunca para tratar de evitar la aparición de Hikikomori.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *