Hipertensión: identikit de los que la padecen

Hipertensión, un riesgo para todos

Hoy en día, todos estamos expuestos diariamente a numerosos factores de riesgo hipertensivos y a las consecuencias de esta enfermedad, que afecta a jóvenes y ancianos, hombres y mujeres. Sin embargo, las víctimas de hipertensión tienen en común otros factores, ligados a su personalidad, que nos obligan, por un lado, a vivir siempre con un pie en el acelerador y, por otro, con un pie en el freno. Si los que sufren de hipertensión parecen ser un sujeto impulsivo y sanguinario, en realidad son igual de cerebrales y controlados, expresando esta dramática contradicción en un estilo de vida forzado y antinatural. Veamos entonces cuáles son los rasgos del personaje que hacen que una persona esté más en riesgo de hipertensión que otras: reconocerlos es el primer paso para poder modificarlos.

La hipertensión siempre se dice: ¡fuerza y coraje!

No hay lema que describa mejor el acercamiento a la vida del hipertenso, que exige en cada ocasión enfrentarse a la adversidad sin pestañear, ostentando una capacidad y una disposición para reaccionar que, en realidad, no corresponden a la verdad, sino que derivan de un autocontrol irónico y de la represión de cualquier manifestación de debilidad. Las emociones sofocadas se traducen en una presión interna constante que, al no encontrar salida, sólo está destinada a aumentar el riesgo de hipertensión.

Hipertensivo, “un agua cheta” que a veces se desborda

El supercontrol emocional que hace que los que sufren de hipertensión siempre intenten comportarse o bordear sus reacciones ante situaciones y entornos altamente protegidos: de vez en cuando es derribado como a la orilla de un río por un torrente de emociones incontrolables que conducen a arrebatos de ira y reacciones desproporcionadas con el estímulo que las desencadenó. En realidad, es una acumulación de tensión que la desencadena y se vuelve incontrolable.

Demasiado grande para ser realmente

La responsabilidad, la capacidad de hacer frente a las tareas y las diferentes situaciones hacen de la persona hipertensa una persona madura y adulta, que a menudo esconde demasiado bien su lado infantil y asume papeles parentales no solicitados. La tendencia a ser autónomo y confiable significa que a menudo se sacrifican experiencias y deseos que llevarían a evolucionar y crecer realmente como individuos.

Un altruista falso

Cuidar de los demás, pensar en todo, prever cada necesidad son rasgos que a menudo caracterizan una generosidad que, al examinarla más de cerca, se muestra simplemente como una ansiedad de control extendida al entorno que la rodea, haciéndola estar siempre alerta y “en el pensamiento”. Lo que realmente lo conmueve es una actitud hiperactiva y ansiosa.

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