Incluso las amistades pueden envejecer

Amistades del pasado

Estamos acostumbrados a pensar en la amistad como algo precioso, que nos enriquece. Lamentablemente, no siempre es así. También hay amistades , y son más frecuentes de lo que pensamos, que “nos derriban”, impidiéndonos renovarnos y sentirnos libres. Amistades que literalmente nos pesan. Suelen ser relaciones de larga duración, que en el pasado han tenido su apogeo, pero que desde hace algún tiempo ya no nos corresponden. ¿Qué ha pasado? Sucedió que cambiamos y quizás nuestros amigos no. Así que no entienden nuestros cambios y nuestra evolución psicológica: siempre nos miran de la misma manera, tienen una idea estática, anticuada y nos la cosen en cada oportunidad.

Cuándo es mejor cortar viejas amistades

Si les decimos algo nuevo, si les mostramos una nueva forma de ser, si hacemos un nuevo razonamiento, si tomamos decisiones que nunca antes se han tomado, si las ignoran o critican a priori, las trivializan: “Te conozco: no eres así, tienes que hacer lo de siempre”. En cualquier caso, se oponen y esta oposición nos abruma. Cuando estamos con ellos a menudo nos sentimos cansados, parece que repetimos las mismas frases, las mismas acciones. Una vez que precisamente estos “hábitos comunes” fueron una razón más para pasar el rato, hoy nos sentimos distantes. Insistir, en estos casos, puede dar lugar a peligrosos “atornillamientos”: a nuestro cansancio, a menudo mal escondido, corresponden reacciones primero dudosas, luego cada vez más agitadas. Existe el riesgo de una espiral de comportamiento en la que la vieja amistad ya no permanezca. Es mejor parar antes de que eso ocurra.

A veces el afecto no salva la amistad

Si nos sentimos agobiados por la relación de amistad que tenemos con ellos, es porque seguimos negando que desde hace algún tiempo se ha cavado un surco definitivo entre nosotros, una distancia que ningún afecto puede superar. Debemos tomar nota de ello, aunque pueda ser doloroso, porque esta situación puede comprometer nuestra legítima evolución. Especialmente si son grandes amistades históricas , a las que todavía les damos mucho peso, el efecto puede ser tener un “viento en contra” en muchas cosas que hacemos. Entonces, si queremos más fluidez en nuestra existencia, o nos volvemos realmente impermeables a su juicio, y dejamos de confiar en nosotros mismos y pedirles consejo, o es mejor descartarlos, colocándolos en el archivo mental de nuestros queridos recuerdos.

¿Alejarse de un amigo o volver a verlo? Ajústese así

– Si decides seguir viéndolo, es necesario que no te expongas como antes: no hables demasiado de ti mismo, no confíes tus decisiones a sus consejos, no te alimentes de chismes. Y no esperes que cambie. Al menos entonces el “viento desfavorable” que le llega tendrá menos efecto.

– Si decides mudarte, no le hables de ello para darle explicaciones, él no lo entenderá y terminarás dejándote mal. Déjalo ir, aflojando rápidamente la asistencia. Él te dirá que has cambiado, que lo has traicionado, pero después de todo es él quien desde hace algún tiempo no te reconoce como eres ahora.

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