La amistad sólo vive en la independencia mutua

¿Qué significa ser independiente? Basta con cortar los amarres que nos mantienen anclados. Cada uno de nosotros es como un barco que debe ser capaz de seguir su propio rumbo libremente : debe tener el espacio adecuado para maniobrar, sin perder de vista los otros cascos. Por supuesto, un barco puede proceder en pareja con otro, pero debe ser una elección libre que facilite la navegación de ambos. Si, por otro lado, conduce a bancos de peces, o uno de los dos debe siempre tirar del otro, la situación puede llegar a ser peligrosa. Miriam y Silvia lo entendieron, y su amistad casi se había convertido en una relación de trabajo, hasta el punto de que uno de ellos estaba subordinado al otro. Miriam es esa fascinante, emprendedora , introducida en los ambientes de la Milán intelectual y de moda. Silvia, por otro lado, es una empleada, un poco resignada, que no se siente adecuada . A pesar de esta diferencia, los dos son inseparables, pero su amistad es muy particular. Miriam a menudo trata a Silvia como si fuera su secretaria: no sólo le pide favores por cuestiones de trabajo y de corazón, sino que a menudo le confía encargos reales, siempre con una sonrisa en la cara y su irresistible encanto….

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Cuando la amistad se convierte en adicción…

Silvia no se rebela, parece incluso halagada, piensa que sin un amigo así no podría vivir ciertas experiencias y conocer personajes interesantes. Como en cualquier relación de trabajo subordinado, el empleado recibe una remuneración: en este caso, la gratitud del amigo y el acceso a un mundo exclusivo. Pero este “chantaje” es precisamente de lo que tenemos que deshacernos. Algunos se preguntarán: si es bueno para los dos, ¿qué tiene de malo? Silvia, en realidad no es feliz , porque no vive una vida propia, no la tiene. Pero en todas las relaciones desequilibradas, tarde o temprano llega un momento de inversión en el que aquellos que parecen estar por debajo de la media evolucionan, crecen, maduran. Un día, Silvia se enferma: la varicela la obliga a volver a casa y Miriam ni siquiera va a verla, con la excusa del contagio. Por primera vez en mucho tiempo Silvia ha tenido momentos para sí misma: lee, dibuja y, para superar el aburrimiento, envía currículums a numerosas empresas. Una vez curada, mantiene un par de entrevistas: una está bien y de un día para otro se encuentra trabajando en un ambiente joven y brillante , donde conoce a mucha gente. Pero en vez de regocijarse con su amiga, Miriam parece molesta, lanza flechas, se queja….

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El punto de inflexión que salva

Silvia renace y comienza a darse cuenta de la naturaleza de su relación, pero decide simplemente confiar en la vida, lo que parece alejarla de Miriam y su mundo. Esta última reacciona muy mal a la nueva situación y la acusa: “¡Después de todo lo que he hecho por ti! ¡Eres un ingrato!” Se pelean y Silvia, sorprendiéndose, no sólo no se disculpa, sino que responde en tono. Después de unas semanas, Miriam busca a su viejo amigo , pidiéndole que lo vea de nuevo: si la relación estaba enferma, lo estaba para ambos, porque la dependencia es por naturaleza mutua. No era sólo Silvia quien dependía de Miriam, sino también lo contrario, y ese vínculo mórbido se había vuelto perjudicial para ambos. Las dificultades siempre vienen porque dejaste de navegar y en la nueva ruta, Silvia se encontró a sí misma y a su ritmo existencial . ¿Qué otra cosa es la independencia sino seguir las propias coordenadas naturales? Hoy Miriam y Silvia se encuentran con placer, sin un segundo propósito, porque la vida no es un dar para tener, sino una continua extracción del tesoro inagotable que hay dentro de nosotros….

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